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Arte rupestre en la Mesa de Miranda. Chamartin (Ávila)


José María Pita



El Castro de la Mesa de Miranda


Descubierto hace tiempo y excavado en los años 30 por Cabré, este castro es ya de sobra conocido por nuestros lectores por lo que, salvo petición expresa, vamos a evitar convertir este trabajo en una guía, invitando a quien lo desee a visitar la información de la Junta de Castilla y León en este enlace.

Por nuestra parte, vamos a centrarnos en el entorno inmediato al segundo recinto del castro, donde Fabián (1) cita expresamente que "al sur de la muralla del segundo recinto, en sus cercanías pero extramuros, hay un pequeño abrigo con un extraño signo pintado en rojo ocre que podría ser una esquematización humano. Su relación con la habitación del castro es probable".

En efecto, el "extraño signo" nos ha llamado poderosamente la atención y por eso vamos a tratar de aportar algún indicio que pueda ayudar a contextualizarlo.

Antes que nada debemos fijarnos en el abrigo: una enorme piedra adolmenada, situada a media ladera, en zona de pastoreo, con agua cerca, y de idénticas características a otros que conocemos y a los que nos hemos referido con el calificativo de "refugios de ladera". Estos refugios, en ocasiones presentan el suelo recrecido, dando de la impresión de que la altura de su entrada no debía permitir el acceso al interior. Lo hemos comprobado en diversos puntos del territorio vetón. En uno de ellos, cerca de Baños de Montemayor, encontramos pinturas esquemáticas de más que probable datación calcolítica y las dimos a conocer en su momento.

Pues bien, el caso que nos ocupa viene a colación por el parecido que guarda con las pinturas cacereñas del Parque Natural de Monfragüe (Cáceres), documentadas por el colectivo Barbaón (2). Tomamos una de sus imagenes con el único objeto de comparar con la nuestra de la Mesa de Miranda.


Pintura rupestre


Sin entrar en un estudio a fondo, que no descartamos, pero que excede el propósito divulgativo de este trabajo, cabe pensar en una unidad de diseño y, en consecuencia, una unidad de creencias, ya que ambos antropomorfos vienen a representar practicamente lo mismo. Citando de nuevo al Proyecto Barbaón, en los antropomorfos de las Monfragüe destaca –lo mismo que en de la Mesa de Miranda– una cuidada representación de la figura humana, en nuestro caso con unas manchas muy deterioradas en la parte superior izquierda que podrían ser simplemente pruebas de pintura, un tocado, o un astro (¿el sol?).

Que la pintura puede estar relacionada con habitantes anteriores al castro, como señala Fabián, no parece ofrecer muchas dudas. Y más si te tiene en cuenta que en los alrededores, además del manantial (hoy seco) cercano, esta el Rihondo y en los berrocales cercanos algún símbolo rupestre al que vamos a referirnos a continuación.


La "Garra de Oso" de la Mesa de Miranda

En un berrocal extramuros, muy cerca de la entrada del castro, hay una notable "Garra de Oso", es decir un conjunto de cazoletas dispuestas formando una representación figurativa que en arqueología se ha dado en nombrar así. Las cazoletas, incisas en el granito, son comunes en lugares de culto primitivos, como señalan destacados especialistas. Parece que se trata, y en esto hay poca controversia, de elementos de significación religiosa. Esta hipótesis viene avalada, entre otras razones, por los numerosos casos en que aquellos lugares de cultos paganos primitivos pasaron siglos después a ser lugares de culto cristiano. Al cristianizarse, aparecen cerca, o sobre los mismos, los eremitorios o las ermitas que conocemos con muy diversas advocaciones.






Tanto la "garra de oso", como la pintura rupestre descrita antes, llevan a concluir que allí hubo presencia humana muy anterior a la creación del castro –con cultura propia si se hila más fino–, emparentada por sus cultos y creencias con habitantes de otras zonas de perfil vetón. Su similitud con las muestras que tenemos de zonas como Sayago (Zamora), las provincias de Salamanca o Cáceres no dejan lugar a muchas dudas.

Apelamos a la sensibildad de visitantes, autoridades y estudiosos para que estos vestigios puedan seguir contemplándose durante mucho tiempo. Por nuestra parte, solo nos resta comprometernos con el lector a una próxima cita –con información ampliada–, en la que volveremos a tratar estos dos asuntos.





(1) 2005. Fabián García, J. Francisco; Castro de la Mesa de Miranda. Cuadernos de Patrimonio Abulense. Diputación Provincial de Ávila
(2) 1998. Colectivo Barbaón; “Nuevas pinturas rupestres en la provincia de Cáceres: 42 nuevos abrigos en el Parque Natural de Monfragüe”. Revista de Arqueología, año XIX, nº 212, p. 12-17






 
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