El hidrónimo Tamuja da nombre al pueblo de Villasviejas del Tamuja, donde se encuentra el oppidum, –castro veton romanizado– y al rio que lo baña, subafluente del Tajo. El castro se compone de dos recintos amurallados y estuvo ocupado con certeza entre los siglos IV y I a. C. y la localización de los verracos prueba la existencia de ganadería trashumante entre los territorios de verano en la Sierra de Gredos y los invernales extremeños.
Los vetones ocuparon el territorio que presento en este mapa, de sobra conocido por nuestros lectores habituales:
Fueron un pueblo de origen indoeuropeo (céltico para abreviar, aunque esto pueda parecer menos riguroso) que desarrolló en los alrededores de Ávila una cultura con personalidad propia (Cogotas I y II) pero enraizada en la cultura de los Vasos y los campos de urnas de La Tène.
Los hallazgos depositados en los museos de la zona muestran un amplio abanico de cerámicas incisas y excisas, armas y todo tipo de ajuares (fíbulas, torques, útiles ganaderos y agrícolas, arreos de caballo, etc.) Pero como la globalización no es un fenómeno exclusivo de nuestra época, pronto aparecen mestizajes como demuestran los hallazgos en contexto de vasos y objetos orientalizantes y ¡cómo no! de origen levantino y sureño, es decir, íberos.
En Villasviejas del Tamuja se sospecha que convivió largo tiempo una población inmigrante –como diríamos hoy– de procedencia íbera.
El As veton de Tamvsia
As es el término con el que conocemos ciertas monedas acuñadas en cobre y bronce u otras aleaciones derivadas de ambos. Proviene del latin Æs, Æris, que significa, literalmente, cobre, bronce y que, por extensión, se aplica a los objetos fabricados con ambos: monedas, por ejemplo (æs militare=la paga del soldado). De ahi el nombre de erario, que no es sino el tesoro público, que en Roma se conocía como ærarium Saturni, por estar depositado en el templo de aquel dios.
Así como las cecas iberas están identificadas en su mayoría y son conocidos sus emplazamientos, con la única que se puede atribuir con bastante certeza a los vetones ocurre todo lo contrario: su emplazamiento se deduce a partir del hidrónimo Tamvsia, Tanvsia o Tam que se escribía, en caracteres íberos, como se muestra en la figura anexa.
Por si fuera poco el misterio que envuelve a los ases de Tamvsia, la cosa se complica al contemplar el metal acuñado, pues son de cobre, cuando las minas cercanas son de plata y plomo. En Tamvsia, a día de hpy, no hay ni rastro de monedas de plata teniendo las explotaciones al lado y, sin embargo, son numerosos los hallazgos de cobre con epigrafía celtibérica de Secaisa, la actual Segeda (Zaragoza), y Teitiacos, cuyo emplazamiento cercano al río Ebro no se conoce con exactitud.
Este es el famoso y raro As de Tamvsia, en el que llama la atención la similitud de su arte bárbaro con las monedas íberas. El anverso presenta una cabeza viril y delante un ¡DELFIN! Detrás de la cabeza, aunque no se aprecie bien en la imagen, aparecen los signos de TAM, escritos como en la ilustración que puse más arriba. El reverso presenta una nave fluvial (mas coherente que el delfin) con seis remeros y timonel; en el campo superior la leyenda latina TAMVSIENS.
Su peso estimado es de unos 23 g y 31 mm de diámetro. Es de una gran rareza y está catalogada por Guadan (1) (Nº 916).
También aparece catalogada por Álvarez Burgos en la edición 2008 de “La Moneda Hispánica” (2), como ilustra el fragmento que nos permitimos incluir aqui.
Una autoridad indiscutida en la numismática hispánica de la antigüedad fue D. Antonio Vives y Escudero (3), al que algunos expertos consideran hoy superado, debido a los numerosos hallazgos posteriores a la publicación de sus trabajos, allá por 1924. Puede que tengan razón si se refieren a otras monedas, pero el As vetón de Tamvsia sigue siendo hoy tan raro como entonces.
Decía Vives sobre la ceca de Tamvsia: “ El nombre de esta ceca se presenta en las dos formas: TAMVSIENS y SMVSIENS, y como se trata de monedas rarísimas, es difícil saber cual es la forma correcta. Además, en el anverso se ven unos signos poco claros, que se ha supuesto sean las letras ibéricas X T [ver ilustración], lo que no parece posible”
Y cataloga los dos ejemplares, tal y como después han seguido haciendo otros autores, con la imagen litográfica que
reproducimos junto a estas líneas.
Dejo para terminar la foto de un verracos de Villasviejas del Tamuja, cedida por mi muy admirado y citado amigo Juan Gil.
Coincidirá conmigo el paciente lector en que los toros y verracos vetones no son el único enigma indescifrado de la fascinante cultura de aquel pueblo ganadero.
El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.
El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.
El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.
El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.