Templarios

Dos megalitos en la Dehesa de Poveda


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Becedas durante la guerra de la Independencia

Notas para un centenario

© Jesús Gómez Blázquez (1)



revista
Presentamos hoy, agrupadas en un solo texto, las tres entregas que el autor ha publicado en la revista "Verde doncella" que él mismo codirige junto a la periodista Rosa Ovejero, en la antigua villa ducal de Becedas.

Verde doncella nació allá por el 2001. Desde el primer número se puede apreciar la mano de ambos —profesionales cualificados— que han alcanzado ya el número 11 sin escatimar toda clase de esfuerzos, tanto en la selección y edición de los contenidos, como en la cuidada confección y producción gráfica.

Animamos a nuestro lectores a que visiten y contacten con la Asociación cultural de Becedas y Palacios, a través de este enlace:

http://asociacionculturaldebecedas.blogspot.com/



La conmemoración del II Centenario del histórico 2 de mayo de 1808, en el que el alcalde de Móstoles declara la guerra a Napoleón, nos invita a recordar al Becedas de la época y su implicación en el conflicto de la Guerra de la Independencia (1808-1814). No son muchos los documentos que hacen referencia a nuestro pueblo, pero unidos a algunas noticias y anécdotas transmitidas milagrosamente por la tradición oral podemos hacer una incursión en los avalares de nuestra historia particular.

En 1808 Becedas era un pueblo activo y vigoroso, sede del antiguo cabildo y poblado más importante y representativo del Quarto de la Sierra. La configuración del trazado urbano era ya la actual, como muestran las fechas grabadas en numerosos dinteles de las calles y plazas más importantes. Contaba con 213 vecinos equivalentes a un millar de habitantes, número solamente superado en los 35 pueblos de la jurisdicción por Béjar (637), Hervás (474) y Candelario (450). Aunque la agricultura (linares) (1) y la ganadería (vacas becedeñas) constituían las principales fuentes de riqueza, un buen número familias vivían de la industria textil (2), pañeros y sederos, y no faltaban los artesanos, los molineros, los porteadores, los jornaleros, los herreros, los zapateros, los mesoneros, los comerciantes y chalanes, famosos en las ferias regionales, y algunos dedicados a una incipiente industria chacinera ubicada en la calle Mayor. En esta época se plantaron los ya desaparecidos álamos de las plazas y se levantaron una serie de casonas en la plaza y calle del Ejedillo, en la calle Mayor, en la de de la Seda..., que dan fe del buen momento que atravesaba Becedas al comenzar el fatídico y devastador sexenio de la Guerra de la Independencia. El Ayuntamiento estaba presidido por un alcalde que gozaba de un gran prestigio y reconocimiento en la comarca y que tuvo que tomar decisiones importantes durante el conflicto, se trataba de don Gaspar Izquierdo (3). A su vez, el párroco de la entonces denominada parroquia de Santa María, y que compartía con el alcalde y con el sexmero la autoridad del municipio, era don Hilarión Menacho. Como dato también histórico, recordemos que bajo su rectoría se edificó la primera ermita sobre el mesón donde estuvo hospedada Santa Teresa, ermita realizada con escasos medios y que no tardó en arruinarse.

La Guerra de la Independencia nos remite obligatoriamente a Gerona o a Zaragoza, a Bailen o a Arapiles, a Castaños o a Wellington, a Godoy o a Fernando VII, a Agustina de Aragón, a Napoleón, a José Bonaparte, a las guerrillas..., pero detrás de los que hacen la historia están los que protagonizan la intrahistoria, ese pueblo que desde el olvido, la marginación y el anonimato hace posibles los cambios de rumbo de los acontecimientos; un pueblo, en este caso, hambriento y desarrapado pero sobrado de patriotismo y de energía para hacer frente a humillaciones, insidias y traiciones. Un pueblo, que en el caso del español, dio un ejemplo histórico a esos otros pueblos europeos incapaces, hasta entonces, de enfrentarse a la opresión y al imperialismo napoleónico. Becedas y nuestra comarca formaron parte de él, aportando a la causa de la rebeldía cuanto estuvo en sus manos.

dintel1807
La implicación de Becedas en la contienda, como veremos, estuvo siempre vinculada a las exigencias de Béjar (4), aunque como pueblo fronterizo no vivió ajeno a los acontecimientos de otros puntos estratégicos como El Barco o Puente del Congosto.

No habían pasado cuarenta y ocho horas del célebre levantamiento cuando la proclama que alertaba al pueblo español de la engañosa invasión y del peligro francés llegaba por veredero (5) a El Barco y a Béjar desde donde se dio a conocer a todos los pueblos de la comarca, que, desde un primer momento, supieron estar a la altura de las circunstancias dando muestras constantes de valor y de sacrificio.

Aunque la guerra era ya una realidad, en Becedas no se tuvo conciencia de la misma hasta que, a las 6'30 de la tarde del 7 de junio, llegó una posta especial con orden de alistamiento de "todas las personas de 16 a 40 años, de todas las clases y con inclusión del clero secular y regular, del pueblo de Béjar y de todos los pueblos de su jurisdicción para organizar la defensa de la Religión, del Rey y de la Patria".

El correo, las malas comunicaciones, los rumores, las noticias, unas falsas y otras ciertas, sobre el peligro francés no tardaron en crear en el pueblo un clima prebélico y de una manera especial entre los alistados, carentes de armas y de experiencia aunque tan sobrados de patriotismo y de sentido del honor como de miedo, de descoordinación y de falta de instrucción militar. Por todas partes se veían franceses que inexorablemente avanzaban a nuestra comarca cuando la realidad era bien distinta.

A pesar de todo, el proceso estaba en curso y todo empezó a cambiar, apareciendo los primeros síntomas al tener que empezar a hacer frente a los elevados gastos que el reclutamiento requería y de los que la Junta Militar de Béjar debía hacerse cargo.

Mientras se hacían realidad las promesas de la llegada de armas y de pólvora, el día 10 de junio fue remitida a Becedas y a los demás pueblos la orden, procedente de la Junta Militar de Salamanca, de formar e instruir compañías remuneradas de 80 hombres, lo que vino a impacientar aún más a los habitantes de Villa y Tierra, que veían que el peligro era cada vez más inminente, tanto, que se vieron obligados, para mayor seguridad, a organizar rondas nocturnas.

La falsa noticia de la presencia de 5.000 franceses en las inmediaciones de Muñana puso en pie de guerra, por primera vez, a todas las fuerzas disponibles para intentar frenar el hipotético avance. A los del Quarto de la Sierra, al que pertenecía Becedas, se les ordenó la defensa del Vado de El Barquillo y el Puente del Congosto. Un posterior comunicado llegado desde Piedrahita desmintió la presencia de los franceses y todo quedó en una anécdota, que al menos sirvió como ensayo para futuros enfrentamientos.

Aun así, el gran problema era el económico porque las aportaciones voluntarias y la contribución del erario público, con las arcas cada vez más vacías, eran insuficientes y la Junta Militar de Salamanca no cesaba de exhortar a los vecinos para que siguiesen con sus aportaciones.

La Junta Militar y de Armamento de Béjar, recibidas al fin las armas y la pólvora procedentes de Ciudad Rodrigo, cumpliendo órdenes superiores, seguía empeñada en su ardua tarea de reclutamiento y adiestramiento de los alistados de la Villa y de los pueblos y en la posterior formación de compañías de 80 hombres para que estuvieran listos ante cualquier solicitud o emergencia. Con ello, tanto los obradores de Béjar como los pueblos se quedaron sin mano de obra, lo que unido al miedo y a la desconfianza dio lugar a un clima adverso que originó las primeras deserciones y los primeros actos de robos y de saqueos.

No obstante la festividad del Corpus, celebrada con el boato habitual, puso un paréntesis en la desconcertante situación y las cosas volvieron a normalizarse en una comarca que estaba viviendo días de angustia y de temor. En la solemne procesión, siguiendo la tradición, estuvo representada la Parroquia de Santa María de Becedas.


Wellington1

Pasado el Corpus, la realidad de los acontecimientos volvió a imponerse y se dio paso al febril trabajo de días anteriores. Cumplidos los objetivos de organización, los reclutados esperaban en sus casas a la espera de nuevas órdenes. La tranquilidad pareció restablecerse y, mientras tanto, se iban sucediendo las noticias de distinto signo sobre el desarrollo de los acontecimientos en el resto de España. Como datos más llamativos los avances en Andalucía y la victoria de Bailen (14 de junio), la proclamación de José I (25 de julio) y la derrota de los invasores en Portugal (Convento de Cintra).

Mientras los acontecimientos se desarrollaban lejos, la Villa y los pueblos de su jurisdicción recuperaron una inusitada calma. Hubo que esperar hasta mediados de octubre para volver a sentir el aliento bélico. En esta fecha empiezan a incorporarse los alistados veteranos entre los que se encuentran los del Cuarto de la Sierra y por ende los becedanos. Todo justo antes de que las abatidas tropas francesas se reorganizasen, con la presencia en España del propio Napoleón, y cambiase radicalmente el rumbo de la guerra.

La ruina, la subida de los precios y la preocupación por la suerte que podían correr los alistados en el frente eran las mayores preocupaciones de estos pueblos que seguían en calma y, que como en el caso de Becedas, habían restituido todos los servicios públicos, incluida la escuela. Sólo un oficio de interés llegó durante estos meses a Becedas. Hacía referencia a los desertores que habiendo abandonado sin licencia el ejército se encontraban en sus propias casas: "que en el caso de permanecer alguno de dichos desertores en esos pueblos..., deberá practicar sin dilación alguna bajo pena de confiscación de sus propios bienes...". La orden, en definitiva, instaba a las autoridades a informar al desertor de sus derechos y de sus obligaciones, haciéndole volver al mismo ejército y puesto al que estaba destinado.

Pero como en tiempos de guerra la tranquilidad es efímera, aunque nuestros pueblos seguían ajenos y lejos de los campos de batalla, la impaciencia que originaba la grave situación de la nación creó una incertidumbre sobre cuándo y cómo harían acto de presencia las tropas invasoras. Envueltos en estos temores y en la aplicación de nuevas contribuciones las gentes de nuestros pueblos fueron dejando atrás el primer año de guerra y encaminándose al segundo, que sería mucho más problemático.

En este ambiente de pesimismo se recibió al año 1809 en los pueblos del Becedillas. Entre noticias preocupantes sobre la ocupación de Salamanca y de buena parte de la provincia de Ávila por los enemigos y la posterior llegada a Béjar de tropas nacionales a mediados del mes de febrero y cuyo mantenimiento exigiría nuevas aportaciones.

Ante la necesidad de reforzar el punto estratégico de Puerto de Baños (hoy de Béjar) debido a la segura llegada de las tropas francesas, el 1 de marzo Becedas y los demás pueblos recibieron una orden para la "movilización de los solteros que por algún defecto físico no lo hubieran sido alistados anteriormente, de los viudos y de los casados sin familia y de los que hubieran cumplido en filas del ejército y se hallaran licenciados". La orden no implicaba la inmediata incorporación, pero contribuyó a un mayor enrarecimiento de la situación.

El trasiego de tropas que llegaban y salían de Béjar seguía siendo constante y la necesidad de uniformarlas y calzarlas inmediata, ya que llegaban desarrapadas y descalzas. Como los obradores y zapateros de Béjar no daban a bastos se recurrió a los pueblos y Becedas contribuyó de una manera notable, pues era, junto con Hervás, el único pueblo que contaba con una industria textil importante y un numeroso gremio de zapateros.


Como es lógico los gastos seguían siendo sufragados con nuevas contribuciones que dieron lugar a encendidas protestas, tanto de los vecinos de la villa como de los pueblos. Estos acabaron negándose a seguir enviando reses "so pretexto de que ellos carecían de lo mismo y además se atrasaba en demasía el pago, lo que les ocasionaba una penuria de dinero para poder reemplazar los animales entregados". Aunque, en esta ocasión, los numerosos escritos de protesta llegados a la Junta bejarana no procedían de los pueblos del Becedillas, no debemos olvidar que el Quarto de la Sierra era el principal suministrador de carne para las tropas. Es de suponer que Becedas y los demás pueblos de nuestra comarca siguieran enviando las reses porque el 15 de julio se envían desde Béjar escritos de apremio a diversos pueblos y entre ellos no figura ninguno del Quarto de la Sierra: "La falta de carne que se experimenta para el batallón extante en Béjar a mi cargo, hacen forzoso que los pueblos que al margen se señalan, pongan en esta Villa el número de reses que en el mismo se citan...".


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En medio de tantos problemas, la avalancha de pedidos se acrecentó de manera significativa con la llegada de las tropas aliadas inglesas a Plasencia a mediados del mes de julio, las cuales exigían, bajo amenazas de abandonar la causa, desorbitadas cantidades de alimentos, paños para uniformes y caballerías para el transporte. Así las cosas, más que estar en guerra parecía que la Villa y los pueblos se habían convertido en una institución benéfica cuya única misión era abastecer a cuantos por aquí pasaban (6). Era habitual que sin haberse terminado de recaudar una contribución ya estuviese esperando otra. Y todo sin que las acciones bélicas hubiesen comenzado todavía en la zona. Ni Béjar ni los pueblos daban para más cuando la cosa no había hecho más que comenzar. En uno de los escritos llegados a Becedas se amenazaba "con la pena de prisión, con multa de cien ducados y con la declaración de traidores de la Patria de todos aquellos alcaldes en quienes se advierta la menor morosidad u omisión sobre las órdenes...".

De poco sirvió tanto esfuerzo porque a finales de julio 8.000 franceses, después de haber vencido la resistencia nacional en Puerto de Baños, entraron en Béjar cometiendo todo tipo de atrocidades: violaciones, incendios, robos, saqueos, asesinatos... La ira de los franceses se extendió a otros pueblos de la jurisdicción, pero afortunadamente los del Becedillas no se vieron afectados.

A partir de esta fecha, primeros de agosto, Béjar y su Tierra quedaron dentro del territorio dominado por las tropas imperiales y a expensas de lo que éstas pudieran decidir. Todos los viejos temores se habían consumado.

La situación se prolongó hasta octubre, cuando las tropas francesas, derrotadas en Tamames, se retiran a Salamanca quedando nuestra comarca libre de toda influencia imperial y ocupada nuevamente por fuerzas nacionales a las que también hubo que seguir abasteciendo. Los pueblos, ante la miseria que padecían, llegaron a pagar las contribuciones con las rentas que debían a la Duquesa, Dª Mª Josefa Alfonso Pimentel, quien al hallarse en Sevilla tenía un tanto descuidados a sus arrendatarios.

Y así terminó el agitado año en la Villa y Tierra. Entre angustias y desazones y en una situación económica lamentable.

1810-1811

arquitectura
Con las heridas del año que acababa aún frescas y con el recuerdo de los fatídicos meses de julio y agosto, los de mayor intensidad y protagonismo vividos hasta entonces en estas tierras, entramos en el 1810, dejando atrás los sangrientos enfrentamientos de Baños, Béjar y El Barco, en los que los aldeanos, buenos conocedores del terreno, demostraron ser dignos miembros de ese ejército de "12 millones de españoles, bravos y exasperados hasta el extremo". Bueno sería disponer de espacio para detallar hechos que ilustrasen con nombres y sucesos el importante papel que representaron nuestros antepasados y nuestra orografía durante los seis años de luchas encarnizadas.

El año 1810 volvió a ser un año difícil para los pueblos de la tierra de Béjar en general y para los del Becedillas y para Becedas en particular. A mediados de enero las tropas nacionales, coordinadas por D. Carlos de España, se ven obligadas a abandonar Béjar y toda la comarca queda sometida a la influencia de las tropas francesas que se encuentran acantonadas en zonas estratégicas como El Barco, Piedrahita, El Puente Congosto y la propia Béjar y que tienen como único enemigo a las guerrillas. Los gastos de su mantenimiento, exigidos bajo amenazas cada vez más radicales, constituyen un agobio constante para las ya maltrechas economías de las gentes. Carne, trigo, vino, calzado, paños..., son requeridos de forma constante a una comarca que ya vive en la ruina más absoluta, pero que se veía obligada a realizar esfuerzos ímprobos a cambio de evitar que los invasores hicieran uso de la fuerza. Uno de los oficios más exigentes llegó desde El Barco. Lo firmaba el comandante Ruttiman reclamando esta vez camas y jergones. La petición, que en principio fue desoída por la imposibilidad de cumplirla, trajo graves consecuencias, pues el comandante se trasladó desde El Barco a Béjar, siguiendo la ruta Becedas-Navacarros-Candelario, exigiendo, con la toma de rehenes, 10.500 reales. De esta manera Ruttiman se cobró las camas que había pedido tres días antes y se retiró con su tropa.

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Apenas se había retirado la tropa, nuevos emisarios llegaban de Piedrahita con un oficio de propuestas de fabricación y entrega inmediata de paños en condiciones ventajosas para los fabricantes. Dos días después, desde El Barco se pedían vacas, trigo y vino. Y así, una tras otra, se iban sucediendo las contribuciones, cada vez más frecuentes y de mayor volumen. Contribuciones que había que pagar de la forma que fuera como única manera de evitar la llegada de tropas justicieras.

Como muestra de estas contribuciones nos hacemos eco de un documento que da cuenta de las caballerías que tiene que aportar cada pueblo del Becedillas para cumplir con uno de los continuos pedidos que exigen los franceses. El reparto, proporcional al número de vecinos, obliga a Becedas a aportar 12 caballerías, a Palacios, 8 a San Bartolomé, 6 a Medinilla y 8 a Gilbuena y Junciana. Y como estas aportaciones son cada vez más difíciles de llevarse a cabo, los franceses siguen recurriendo al ya habitual extremo de enviar tropas específicas con el único fin de acelerar los cobros.

A pesar de todo, como la situación era humanamente irresistible, ante la tiranía que estaban padeciendo, las protestas de los contribuyentes se dejaron oír. Pero, como era previsible, la respuesta francesa fue llevarse prisioneros a Salamanca a los cabecillas de las mismas, entre ellos a D. Baltasar Gómez  (7)  de Medinilla, prometiendo su libertad a cambio de la recaudación y entrega de las contribuciones exigidas. La medida, lógicamente, dio los resultados apetecidos.

fusilamiento
Por si faltaba algo, a la llegada a la Villa y pueblos de soldados españoles dispersos y de guerrilleros, se unió la picaresca de ciertos individuos sin escrúpulos que aprovechándose de las circunstancias pedían en Béjar y en los pueblos de la Jurisdicción raciones para las tropas españolas que después vendían a los franceses.

Los problemas seguían creciendo y en abril empezó a aplicarse un decreto que radicalizó aún más las exigencias de los invasores: "...todos los productos y rentas ordinarias y extraordinarias (...) se inviertan en utilidad del ejército". La aplicación del decreto coincidió con la llegada a la comarca de tropas francesas que crearon una situación tan caótica en la Villa que originó, incluso, la disolución de la Junta de Gobierno y Armamento.

La situación siguió empeorando ya que todos los jefes franceses que mandaban algún destacamento se encontraban con el derecho de exigir contribuciones. La sensación de vacío y de indefensión era inenarrable, y las noticias que llegaban de las severas derrotas sufridas por los españoles en Andalucía y la idea de que el rey José ocupara el trono aumentaban los temores y la resignación de las gentes.

Pero tampoco los franceses estaban tranquilos. Los oficios recibidos durante estos meses de abril y mayo dejan entrever su preocupación por los guerrilleros y constantemente solicitan a los alcaldes de los pueblos información sobre su ubicación. Las guerrillas eran su auténtica pesadilla y la mayor de sus preocupaciones por las numerosas bajas que les ocasionaban "atacando de improvisto y desapareciendo con toda rapidez" al amparo de la oscuridad, del conocimiento del terreno y de la colaboración de los aldeanos.

Fue en este momento también cuando José Bonaparte, ya ubicado en el trono, para un mejor control, dividió la Nación en 38 Prefecturas, quedando la Villa y Tierra en la Prefectura de Salamanca, respetándose la histórica y secular constitución de la Tierra de Béjar, que más tarde el gobierno español destruyó al hacer en 1833 la nueva y actual división de provincias y partidos judiciales, "arruinando comarcas naturales que como en el caso de la nuestra perdería su peculiar personalidad".

Volviendo a los aconteceres de la contienda, nos reencontramos con la angustia de los últimos días de mayo. Salamanca reclama medio millón de reales en efectivo y en víveres para cubrir las necesidades y sufragar los gastos de los hospitales militares y recuerda el incumplimiento de la entrega de carros y caballerías solicitadas a "los pueblos del partido" días antes.

Esta vez las amenazas iban más lejos y no se quedaban en los ya conocidos rigurosos apremios, sino que responsabilizaba al propio Corregidor de la Villa, a quien, dado el caso del incumplimiento, además de obligarle a pagar una multa de cien ducados le conduciría preso a Salamanca. Y por si esto era poco, recurrieron a una nueva y eficaz medida recaudadora con el fin de cobrar los atrasos, que en muchos pueblos no eran pocos. Constituyeron una Junta de Recaudación con los cinco detenidos que junto con nuestro sexmero del Cuarto de la Sierra, el ya citado medinillense Baltasar Gómez, habían sido enviados a Salamanca. Los cinco fueron puestos en libertad "para que lleven con mayor puntualidad las obligaciones que han contraído y darles autoridad necesaria para ese efecto" en sus respectivos cuartos.

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En junio las peticiones de las tropas imperiales parecían no tener fin y como cada vez era más difícil hacer frente a tanta demanda, a primeros de julio, una vez más, llegó a Béjar un destacamento enemigo con el único fin de velar porque los suministros fuesen efectivos tanto en Béjar como en los pueblos.

En medio de este ejercicio de acoso y derribo, al menos, es de reseñar un hecho positivo. Durante más de un año la situación no había costado ninguna vida humana en toda la Jurisdicción bejarana, si bien, una inesperada incursión de la guerrilla en el bullicio de un día de mercado en la Villa, abriendo fuego contra los militares franceses y desapareciendo con la misma rapidez con la que habían llegado, hizo temer lo peor. No obstante, las gestiones diplomáticas llevadas a cabo evitaron males mayores.

Poco después, el pequeño contingente de tropas francesas que aún quedaba en la Villa abandonó la zona. Además, durante varios días se olvidaron de las requisiciones. Pero todo fue una falsa expectativa porque, cuando aún no había acabado el mes, los comunicados volvieron a llegar y, si cabe, con mayor encono que los anteriores, de tal manera que rea­vivaron el caos ya existente entre las autoridades y los contribuyentes.


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Septiembre seguiría por los mismos derroteros: desavenencias, conflictos, enfrentamientos de todo tipo, nervios a flor de piel que afloraban más cuanto más aumentaban los impuestos y más escrupulosos eran los millareos. La llegada de un nuevo destacamento francés para agilizar los pagos complicó aún más la situación: "... aviso a Vds. para que no les coja desprevenidos,.que llegaré mañana domingo con doscientos soldados de infantería y sesenta de caballería para facilitar dicha cobranza". Su objetivo, además, era recoger información sobre la realidad financiera y social de Villa y Tierra, pues se debían atrasos por un valor cercano a los 300.000 reales sin contar reses, carros, caballerías y todo tipo de productos de consumo.

Conseguido, en buena parte, su propósito, la tropa abandonaba la comarca, pero para sustituirla llegó, procedente de El Barco, preocupado por un posible ataque de las guerrillas a su paso por los pueblos del Becedillas, otro destacamento con nuevas exigencias de provisiones y con amenazas renovadas para los pueblos morosos. Pero ni aun así podían cumplir muchos pueblos con los abusivos y desproporcionados tributos. Por eso, para solucionar definitivamente el problema, el comandante de las tropas francesas se vio obligado a citar en Béjar a todos los alcaldes de la Tierra, algunos de los cuales tardaron en acudir al llamamiento varios días. A finales de octubre, el cobro quedó resuelto y de nuevo las tropas abandonaron la Villa.


duque
En los primeros días de noviembre, los ataques de las guerrillas a las tropas francesas que transitaban por los caminos que conducían a Salamanca se multiplicaron y, en su rápido repliegue, al estar ya Béjar libre de enemigos, decidieron concentrarse en la Villa, donde también estaban llegando soldados y tropas que andaban desperdigados por la zona.

Así la Villa y Tierra empiezan a recuperar una relativa calma, aunque los desorbitados esfuerzos económicos realizados habían desembocado en una situación desesperada. Con el año que terminaba cesó, de momento, el rosario de sangrías sufrido por Villa y Tierra, pues si sumáramos a los enormes gastos que ocasionaron los guerrilleros y cuerpos españoles los impuestos, requisiciones y el valor de los objetos desaparecidos y robados por la acción de las tropas francesas, las cantidades serían astronómicas.

Como en cada diciembre, en esta ocasión aparentemente tranquilo y sosegado, pudo llevarse a cabo el nombramiento y la renovación de cargos, era la última vez que se realizaba con la prerrogativa de la Casa Ducal.


La contienda llegó así en el año 1811, con una aparente tranquilidad, que no tardaría en verse interrumpida. En el mes de febrero llega de nuevo a la Villa un contingente francés reclamando por la fuerza nuevos tributos, que en buena parte debían salir de los pueblos con gran premura. Veamos la respuesta que envió a Béjar el alcalde de San Bartolomé al oficio recibido de la Villa:


Sres. y Sr. Corregidor de la Villa de Béjar: apenas ayer se recibió el oficio se fue a buscar las reses fuera porque acá no hay cosas de reses si no es de las yuntas y entodavía no an venido, y tuvimos a bien de mandar a cosa de 30 panes que se hicieron luego al instante las diligencias de buscarlos y una res para las raciones de carne muerta que estaba prevenido para llevarlo a Fuentes que anoche a las 12 nos vino oficio de que remitiéramos para la tropa francesa 500 panes, 10 libras de carne, un jamón, tres docenas de guevos, tres gallinas, 8 arrobas de patatas y más. Quisimos mandar a esta Billa la dicha carne y pan que no al otro lado porque nos pareció ser más preciso y en cuanto venga el que está en busca de las reses si trae alguna les serán a Vds. remitidas estamos pronto a cumplir con lo que se pueda. Dios guarde a Vds. muchos años. San Bartolomé abril 16 de 1811.- Fd° Juan Martín.

El escrito, que no exige mayores comentarios, es el fiel reflejo de la sumisión y de la pobreza que sufren los pueblos y no será muy distinto del que enviasen el resto de los pueblos. La situación de Becedas no era menos acuciante que la del vecino pueblo de San Bartolomé y dos semanas más tarde enviaba otro oficio de respuesta a Béjar que difiere poco del anterior:

Quedamos haciendo las más vivas diligencias y nos presentaremos con lo que podamos. Y de cumplir será necesario echar mano de las yuntas que han quedado pues se ve este pueblo tan escaso de todo que no se por donde entrar. Muchos vecinos se han quedado sólo con media yunta y será preciso quitarles la otra media.
Dios guarde a Vs. Md. muchos años. Becedas y maio 2 de 1811. Gaspar Izquierdo.

La realidad de los pueblos, reflejada en estos comunicados, no era mejor que la de la Villa, que, para hacer frente a tantos gastos, se vio obligada a sacar a subasta pública el Regajo de los Moros.

Pasada la festividad del Corpus, las tropas imperiales que se encontraban en Baños se retiraron dejando la zona libre de invasores pero sumida en la mayor de las ruinas. Por razones obvias, Baños fue el pueblo que más sufrió y su situación llegó a tal extremo que su alcalde se vio obligado a pedir ayuda a la Villa y a todos los pueblos de la Jurisdicción. Para atender a su petición se celebró una reunión en el Consistorio bejarano a la que asistieron las autoridades de la Villa y todos los sexmeros y alcaldes de la Tierra. El Cuarto de la Sierra estuvo representado por el sexmero Manuel García y Becedas, por el alcalde Gaspar Izquierdo. El acuerdo unánime reflejado en el tópico "... no haber lugar por ahora", no justifica tanto la falta de solidaridad como las necesidades de las gentes. El mes de julio dio paso a un verano en plena efervescencia y los acontecimientos se precipitaron volviéndose a complicar la situación una vez más, y más de lo humanamente soportable. Llegan nuevas peticiones de ayuda, esta vez desde Lagunilla donde se encuentra acantonado el guerrillero D. Julián Sánchez "El Charro", y llegan con las mismas exigencias que si procediesen de los franceses, con amenazas de cobrar el "duplo a los morosos y descubiertos por medio de apremio militar a que creo que no han de dar lugar". Ante tales requerimientos tuvo que reunirse el Consistorio bejarano con la presencia de los sexmeros del Cuarto de la Sierra, Manuel García, y del Cuarto del Campo, D. Baltasar Gómez, a quienes se les informó de la nueva contribución. La imposibilidad de reunir los impuestos en esta ocasión llegó, incluso, a la dimisión del regente de la Real Jurisdicción, D. Juan de la Mata Rodulfo, lo que obligó a convocar de nuevo a los sexmeros y procuradores generales de la Tierra y a los diputados apoderados de cada Concejo.

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Aquí no acabaron los problemas porque pocos días después una división francesa al mando del implacable Barón de Brenier llegó a Hervás procedente de Portugal. Se trataba del mayor contingente de soldados que hasta entonces se habían instalado en la Villa y Tierra, lo que supuso nuevos impuestos y requisiciones en raciones y dinero (160.000 reales). La falta de medios para hacer frente a la situación obligó a la Junta de Béjar a enviar una carta de clemencia al propio Gobernador de la Provincia de Salamanca, General Thiebault, quien no tardaría en contestar con una misiva de fondo más político que militar, pues las amenazas seguían llegando a Béjar y a los pueblos, como ratifica un nuevo oficio llegado de Baños obligando a Villa y pueblos de la Jurisdicción a enviar urgentemente "toda clase de artículos".

Acompañaba a este oficio un repartimiento detallado correspondiente a cada pueblo: "...espero que los pueblos se desquitarán prontamente los atrasos y conducirán y entregarán con mucha regularidad las porciones respectivas de la contribución diaria". Pero, a pesar de las advertencias, los pueblos no cumplieron porque días después se recibe un nuevo oficio que lo atestigua: "...muy pocos son los pueblos que se han presentado para pagar la contribución de víveres...", y amenaza con el envío de pequeñas unidades "que irán a los pueblos y a las casas de los que se han retrasado en el pago". Y así, entre advertencias y amenazas que se hicieron realidad fue transcurriendo el mes de julio, uno de los más acuciantes del sexenio bélico.

Agosto no iba a ser muy diferente, si bien con la presencia en Baños de un delegado bejarano para controlar las aportaciones, la situación fue menos tensa. Por lo que se refiere al Cuarto de la Sierra, las contribuciones se fueron pagando con regularidad. Sólo un comunicado de apremio a Junciana, Gilbuena, Medinilla y La Zarza, por estar "descubiertos en la reportación de cabras", nos da cuenta de algún que otro incumplimiento.

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Cabe destacar también que la presencia y el trasiego de tantos soldados franceses permitió a los lugareños comerciar con ellos con los artículos y objetos que no eran requisados. El pago lo recibían en moneda francesa, que comenzó a circular siendo aceptada como moneda de uso legal. Esta situación originó el enriquecimiento de los más osados, aunque su atrevimiento no se viese exento de evidentes peligros.

Pero la realidad seguía siendo cada vez más cruda. La situación se prolongaba y cada día era más difícil encontrar fórmulas para seguir enviando las correspondientes raciones. Ni siquiera se contaba con caballerías para el transporte, lo que obligó al Barón de Brenier a trasladar su cuartel general desde Hervás a Béjar, creando nuevos y más graves problemas.

Ante tanto abuso y ante la picaresca de los pueblos que, para pagar menos, fingían tener menor población, fue necesaria una nueva relación de vecinos que sirviese de base para los sucesivos repartimientos que a partir de entonces fueron impuestos en la Jurisdicción. Esto sucedía en los últimos días de agosto.

Septiembre comenzó con la misma tónica, llegándose a una situación desesperada. Cierto es que a finales de mes empezó a reducirse el número de soldados franceses y que aunque las contribuciones no cesaron, al menos se suavizaron un poco. Pero aun así, fue necesario incluir por primera vez en los repartos a los propietarios forasteros y a los eclesiásticos. Si bien, como era de suponer, el nuevo acuerdo topó con el Clero y el Juez Vicario protestó enérgicamente, consiguiendo que les devolviesen las cantidades que habían aportado.

La sangría continuaba y las copias de repartimientos, basadas en el nuevo censo, seguían llegando a los alcaldes de los pueblos. Para que nos hagamos una idea, Becedas y Palacios con 213 vecinos, equivalentes a más de 1.065 habitantes, aparece en una de estas copias con los siguientes tributos: 53.926 reales, 189 fanegas de trigo y 568 de cebada; contribuciones que equivalían a una tercera parte de la de Béjar, que contaba con 637 vecinos, y sólo superadas por Hervás y Candelario que tenían 474 y 450 vecinos respectivamente.

El año transcurría de esta manera tan asfixiante y, a medida que se llegaba a su final, surgió la necesidad de elegir los nuevos cargos que debían regir los destinos de Villa y Tierra durante el año 2012. Esta vez se trataba de una renovación histórica, pues tras el decreto de abolición de los señoríos, se efectuaría al margen de los privilegios de la Casa Ducal. La libre renovación de cargos tuvo lugar en Béjar el día 21 y posteriormente en los pueblos. Las esperanzas puestas en los frescos aires de libertad se unieron al respiro que dejó el abandono de las tropas francesas que aún quedaban en la Villa. Por fin, las amenazas, las presiones y los agravios a los que las gentes estaban sometidas se transformaron en días de inesperada tranquilidad.

La zona quedó en manos de D. Carlos de España quien se dedicó a reclutar hombres en toda la Jurisdicción, hombres a los que hubo que uniformar y calzar, pero en esta ocasión los gastos originados fueron bien y prontamente remunerados. En medio de tanto asedio, había surgido una llama de esperanza que no tardaría en apagarse.

nte se trasladó desde El Barco a Béjar, siguiendo la ruta Becedas-Navacarros-Candelario, exigiendo, con la toma de rehenes, 10.500 reales. De esta manera Ruttiman se cobró las camas que había pedido tres días antes y se retiró con su tropa.

1812-1814

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Como cabía esperar el año 1812 comienza con malos auspicios. Fue el "año del hambre". Pero tampoco fue propicio para los franceses, quienes además de seguir sin dominar la Península, empiezan a ver cómo la situación en Rusia se les complica.

La Villa, no obstante, estrenó el nuevo año con cierta    tranquilidad    y optimismo, entregada a la fabricación del más importante   pedido   de paño de toda la contienda para las tropas mandadas por D. Carlos de España. El pedido iba acompañado de una promesa de "pronto pago" que, aunque se cumplió, no estuvo exenta de adversidades, como el hecho de que una parte no se cobrara en dinero sino en tocino.

Los beneficios de tan favorable contrata recayeron sobre el gremio de los fabricantes, incluidos los de Becedas, pero la mayoría de los habitantes de la Jurisdicción seguían viendo cómo se acentuaban sus penurias, por lo que una vez más dejaron oír sus protestas ante el Consistorio de la Villa, que consciente de las necesidades ordenó confiscar las patatas existentes en los pueblos, respetando solamente la cantidad que los propietarios aldeanos necesitasen para su consumo y para la sementera y prohibiendo la venta a "compradores de fuera del Partido". La orden afectó a Becedas y a los demás pueblos del Cuarto de la Sierra por ser estos los de mayor producción de la Villa y Tierra y por tratarse de un alimento básico y relativamente abundante.

A medida que pasaban los meses, los temores de nuevas contribuciones iban aflorando. Los temores se hicieron realidad, y una vez más los sufridos habitantes de la zona tuvieron que enfrentarse al suministro de las tropas españolas asentadas en Ciudad Rodrigo y al fuerte pago exigido desde Salamanca en octubre del año anterior y que con el abandono de las tropas francesas había caído en el olvido, paralizándose la recaudación en los pueblos de la Tierra y en la propia Villa, pero que antes o después habría que pagar.

Ante estas perspectivas y con las arcas vacías no se encontró otra solución que la enaje­nación y subasta de terrenos comunales, llevada a cabo no sólo en Béjar sino también en algunas aldeas. A pesar de la medida y de los esfuerzos realizados, los pagos no llegaron a tiempo y, de manera inesperada, el 16 de marzo, la Villa y los pueblos cercanos se vieron invadidos por una columna francesa llegada con la misión de cobrar el impuesto de 1.140.000 reales exigido varios meses antes. Fueron tal vez los momentos más difíciles en muchos de los pueblos de la Jurisdicción, sobre todo en aquéllos que no habían procedido a la recaudación del impuesto que en el reparto les había correspondido. Los abusos de los invasores se sucedieron, siendo El Puerto de Béjar el pueblo peor parado con la quema del Ayuntamiento y el saqueo de la Iglesia. El vecino poblado de Peñaflor resultó también prácticamente destruido. No hay documentos que acrediten vejaciones y atropellos en los pueblos del Becedillas, también morosos, pues el ejemplo de los pueblos saqueados dio a los franceses el fruto que pretendían. A pesar de los esfuerzos realizados por emisarios enviados a Salamanca, lo único que se consiguió fue el aplazamiento del cobro hasta el 20 de abril y con serias amenazas de multas por el incumplimiento.

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En el periodo de aplazamiento empezaron a llegar a las arcas municipales de Béjar los impuestos correspondientes a varios pueblos que se apresuraron a efectuar los pagos para quedar libres de las amenazas y de las presiones de los franceses. Pronto se organizó el envío y el día 24 se mandaron en 22 cajas de madera 698.000 reales en metálico y 157.000 en bonos v otros documentos que acreditaban entregas anteriores de trigo, cebada, vino, carne, legumbres, paños..., cuyo importe se abonaba en descargo de la contribución. Era corriente que los franceses utilizasen esta treta, para "quitar con una mano lo que daban con la otra", de entregar bonos o pagarés contra los artículos que recibía para luego imponer contribuciones admitiendo su pago con los bonos que habían extendido al recibir las mercancías.

Recaudada la mayor parte de las contribuciones, los franceses abandonaron la comarca el 28 de marzo, con la advertencia de que se llevase a buen fin la recaudación de las cantidades de los pueblos que aún "no habían entregado un solo maravedí" y que ascendían a 200.000 reales. Para ello se citó a la Villa a los sexmeros de los distintos cuartos y se les advirtió de la obligación de reunir las aportaciones correspondientes en el plazo de nueve días. Curiosamente, el sexmero del Cuarto de la Sierra no asistió a la reunión celebrada en la sala Capitular por hallarse fuera del pueblo.

La reunión no alcanzó sus objetivos y el mes de abril comenzó sin que ninguno de los pueblos deudores hubiese aportado la totalidad de las cantidades que les correspondían. Y es que cuál sería la situación de pobreza y desesperación de algunos pueblos que hasta el propio general Tourpin, consciente del estado miserable en que se hallaban algunos pueblos como Fresnedoso, Valverde, Sanchotello y Navalmoral, les recompensó con una buena cantidad de reales. Esta anécdota protagonizada por los inflexibles generales franceses, compadeciéndose de las desgracias y de los infortunios de los pueblos, es reveladora de la extrema situación que se vivía. Una situación que por desgracia también se vivía de lleno en los pueblos del Becedillas como podremos ver.

Los franceses se fueron e inmediatamente comenzaron a llegar soldados españoles, enfermos y heridos, procedentes de Badajoz que acababa de caer en manos de Wellington, cuyas tropas se comportaron en la población más que como aliadas como enemigas. Con esta nueva llegada masiva las necesidades volvieron a aflorar. Por no haber no había ni leña y fue necesario recurrir a la heredad del Bosque, propiedad de la Señora Duquesa. Y por si esto fuera poco, como varios pueblos seguían sin hacer frente a las obligaciones y promesas contraídas con los franceses y habiendo pasado con creces la fecha tope del 20 de abril, se temía, no sin razón, una nueva intervención gabacha, la cual se hizo realidad el día 28, tras aviso por carta de cobrar los impuestos por vía de apremio militar a los pueblos que no habían pagado y que eran en buena parte pertenecientes al Cuarto de la Sierra, entre los que se encontraban Becedas y el resto de los del Becedillas, pueblos que al estar alejados del camino real, habían sufrido en menor medida los acosos de las tropas imperiales.

Ante la gravedad de la situación originada con la llegada a Béjar de 3.000 franceses que seguían originando gastos de mantenimiento, los alcaldes morosos con el comisario español que había llegado con los franceses comenzaron a presionar a los vecinos con el fin de hacer efectiva la deuda, pues los franceses eran inexorables.

Las cartas enviadas desde Becedas por el comisario nos muestran con toda crudeza la situación. Por considerarlas interesantes reproducimos dos de ellas:


Al Sr. Regente de la Villa de Béjar:

Para poder conducir con toda seguridad 18.566 reales que obran en mi poder, determinaran Vmds remitirme inmediatamente una caballería y 6 u 8 hombres pues he conocido mucho descontento en estos Justiciales, en Palacios y otros Pueblos por manera que aunque a el Alcalde de este le he pedido caballería y Jente me ha entretenido diciéndome que después que se vaya la tropa solo con el fin de que ida que sea ésta les debuelban el dinero que han entregado, pues que en atención a que la multa esta perdonada nada deben de atrasos. Yo me temo y por lo mismo doy este aviso a Vds.para que hagan cuanto he dicho.

Dios guarde a Vmds muchos años. Becedas 30 de abril de 1.812.- Manuel Tomás Parra.

Sres. De Ayuntamiento:
En la mañana de este día se han juntado de los pueblos que al margen se nominan 15.361 reales y 22 maravedís que obran en mi poder Vs se servirán de comunicarme inmediatamente quanto deba de acer acerca de si he de entregar dicha cantidad con lo demás que se junte asi lo he de conducir a esa villa a disposición de Vs. en quanto ocurre.
Dios guarde a Vs.ms.as. Becedas Abril 30 de 1.812.

Jilbuena y Junciana.......................... 4.537 r. y 28 m.
Becedas............................................... 6.404 r.
San Bartolomé........................................441 r. y 28 m.
TOTAL.................................................15.361 reales y mrvs. (8)

Manuel Parra


Certifié sentable la note adessus détaillée de I 'argén percus des communes de Gilbuena, Junciana, Becedas et Saint Bartolomé par le comissaire civil de Bejar pour l'contribution extraordinaire 
(9)
L'Capit. Du 59.- Ilegible

El hecho de que sea el Ayuntamiento de Becedas el encargado de recaudar las aportaciones de los pueblos vecinos nos da cuenta de la supremacía de nuestro pueblo en la comarca.


Una vez que cobraron los impuestos, a principios de mayo las tropas francesas fueron retirándose hacia Salamanca pero no sin dejarnos otra anécdota, quizá la más llamativa de cuantas nos dejaron en Becedas los seis años de Guerra. El suceso, que nos ha llegado por transmisión oral, hace referencia a un episodio del que en más de una ocasión ya nos hemos hecho eco. En la retirada de las tropas francesas, que habían venido acompañando al comisario Manuel Tomás Parra para recaudar los impuestos, hacia Salamanca, en dirección al Puente Congosto, entre Gilbuena y Becedas, un soldado francés que se había rezagado para hacer sus necesidades fue sorprendido por un pastor becedano quien le asestó tal garrotazo que acabó con su vida, hecho que aprovechó para robarle sus enseres. Cuando el brigadier galo recibió la noticia del execrable acto, enfureció de tal manera que se presentó en el pueblo con su tropa y con encendidos deseos de venganza. Suerte que Becedas contaba con un alcalde curtido en mil batallas diplomáticas y después de laboriosas negociaciones logró aplacar la ira del francés. Gaspar Izquierdo, que así se llamaba el edil, logró salir airoso de la difícil situación agasajando a la tropa francesa con una cena. Los franceses pernoctaron en Becedas, en el Barrio de Abajo, en el entorno del viejo mesón que había en la actual casa de Ignacio Benito (Piñón). Los franceses cenaron un toro guisado que, tras nuevas negociaciones y algunas promesas del alcalde, tuvieron que sufragar los ricos del pueblo, porque las familias humildes se sentían ya incapaces de correr con más gastos. A la mañana siguiente los gabachos dejaron Becedas no sin dejarnos otra anécdota para el recuerdo: un gorrión atraído por el tumulto militar se acercó a la puerta del mesón y el brigadier francés disparó un certero arcabuzazo contra él acabando con su vida y dejando en la puerta el correspondiente agujero que aún hoy podemos percibir en la vieja puerta, puerta que como es lógico tiene los días contados aunque bien merecería un destino mejor. La toponimia local nos recuerda el acontecimiento de una forma inequívoca, pues la calleja en la que el soldado galo fue sorprendido se llamó desde entonces la Calleja del Francés. Pero aún faltaba el colofón de la historia. El alcalde, obligado a cumplir el pacto firmado con los que pagaron el toro de la cena de los franceses, a falta de otros recursos, plantó, en suelo municipal, los castaños del lugar que hoy conocemos como el Castañar de la Rasilla y les convirtió en sus propietarios con una distribución proporcional a los reales aportados. Posteriormente, ya en los primeros años del siglo XX, los dueños de los castaños compraron el suelo sobre el que estaban plantados como consta en algunas escrituras a las que hemos tenido acceso.

Pero al margen de este episodio tan anecdótico, lo más relevante es que la Villa y Tierra quedaban de momento libres de soldados, tanto franceses como españoles, llegando así una inesperada normalidad cotidiana que permitió el sosiego y la calma suficientes para que tanto la Villa como los pueblos renovaran los cargos de procuradores y sexmeros que ya hacía meses que habían cumplido dos años en el desempeño de los mismos. El Cuarto de la Sierra estuvo representado en Béjar por el sexmero D. Manuel García y por los vocales Rafael Sánchez y Fernando de la Calle, vecinos éstos de Solana y de la Zarza.

En medio de estas circunstancias tan favorables, se llegó a la festividad del Corpus, que pudo celebrarse en la Villa con la solemnidad que había faltado en los últimos años. Además, las noticias que llegaban de fuera eran cada vez más alentadoras. Napoleón tuvo que embarcarse en la guerra de Rusia y los intereses de España pasaron a un segundo plano, lo que dio lugar a que, poco a poco, la balanza fuese inclinándose hacia el bando nacional.

Pronto se ganó Salamanca y en julio se libró la batalla de Arapiles, cuya victoria traería con­secuencias beneficiosas para nuestra región. Tras la posterior liberación de la ciudad de Cádiz, el texto de la Constitución, recientemente aprobada y promulgada, llegó a Béjar en el mes de agosto, siendo presentada con gran regocijo en el Consistorio, en la plaza pública de la Villa, en las parroquias y en los pueblos para su puesta en ejecución y cumplimiento.

Mientras tanto, hechos como la toma de Valladolid o las incursiones de algunos guerrilleros en Madrid hicieron crecer el optimismo del pueblo, un optimismo que se vio oscurecido porque empezó a preocuparse por la moneda francesa que aceptada como legal circulaba por la Villa y Tierra, pues noticias llegadas de Piedrahita daban cuenta de su depreciación. El miedo llevó a gran cantidad de vecinos del Becedillas al consistorio bejarano con el fin de que se declarase el valor real de dicha moneda.


La aparente tranquilidad que se vivía en la zona dio paso a un inusitado ajetreo político que exigía nuevos censos, nuevos nombramientos y una revisión de cargos y de títulos acordes con la nueva Constitución, acuerdos de gran importancia que acabaron con todos los cargos y puestos públicos cuyos nombramientos habían sido expedidos por la Señora Duquesa. Esto vino a suponer la abolición de los privilegios, la desaparición de los abusos feudales y el principio de unas libertades que tanto en la Villa como en los pueblos fueron acogidos con gran entusiasmo. Entusiasmo acentuado por las perspectivas de éxito definitivo en la guerra contra los invasores que, poco a poco, se batían en franca retirada dejando ver cada vez más clara la idea de que Villa y Tierra nunca más volvería a verse domina­da por las tropas imperiales.

No obstante, a pesar de que había cambiado la situación, los problemas adherentes a la guerra seguían latentes y a mediados de octubre la Villa y Tierra tuvo que hacer frente a un pedido de 20.000 libras de carne para el suministro de las tropas aliadas. Posteriores noticias sobre el revés sufrido en Burgos por las tropas españolas mandadas por Lord Wellington y de los refuerzos de las tropas de Napoleón llegados de Francia trocaron el optimismo por incertidumbre y pesimismo. Un pesimismo que siguió acentuándose con los nuevos traspiés sufridos en Falencia, Zamora, Valladolid y Alba de Tormes y con la entrada de las fuerzas napoleónicas en Salamanca. Así las cosas, las posiciones de ambos ejércitos volvieron a quedar como antes de la victoria de Arapiles. La comarca bejarana quedó totalmente desamparada y a merced de lo que le apeteciera al ejército enemigo, que no tardó en llegar a Béjar e imponer sus exigencias y las acostumbradas contribuciones.

Así fue, en noviembre llegó a Béjar, permaneciendo diez días, una división de caballería francesa y la historia volvió a repetirse. A finales de mes, tras su breve estancia y bien abastecidos, fueron abandonando la Villa y Tierra para no volver más, pues los acontecimientos que a lo largo de 1813 se producirían en la nación inclinarían definitivamente la balanza del lado de las tropas aliadas.

Las tropas no volvieron pero en el mes de diciembre, por medio de carta procedente de Salamanca, se piden 120 fanegas de alubias, bajo amenazas de una nueva invasión que sería "de lo más funesto para esa tierra". Para evitar a toda costa que las amenazas se cumplieran hubo de hacerse el consiguiente acopio en los pueblos y enviarlo con urgencia.

Y, como la zona había quedado en "tierra de nadie" y llegaban sin cesar peticiones de ambos bandos, la situación alcanzó límites más dramáticos, si cabe, que en los momentos más difíciles de la contienda. Béjar corría con el abastecimiento de paños pero eran los pueblos los que proporcionaban buena parte de los víveres para soldados y caballerías.

En estas circunstancias, con tantos problemas y con los inconvenientes de un frío invierno, terminó el año 1812.


El penúltimo año de la guerra, el 1813, empezó con las secuelas del que acababa, con una Villa y Tierra incapaces de cumplir los compromisos por falta de medios, pues a las contribuciones externas se unía oirá necesidad interna, la de cubrir las necesidades de los muchos enfermos y mutilados de guerra que abarrotaban el hospital de Béjar y las calles de la Villa y de las aldeas. La situación llegó a tal extremo que fue necesario recurrir a las fundaciones, a las memorias y a las cofradías y a severas medidas recaudatorias como única forma posible de hacer frente a los compromisos. Mientras tanto, la crudeza del invierno y la escasez de leña hicieron aún más difícil y penosa la vida de las gentes.


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El invierno paralizó las campañas militares y de nuevo llegaron momentos de sosiego que se convirtieron en rayos de esperanza con las noticias del desastre de la gran armada napoleónica, víctima de los rigores del invierno ruso y de sus enemigos. El desánimo francés, la salida de España de más de 50.000 hombres hacia el centro de Europa y la reorganización del ejército español desembocaron en una primavera en la que los avances de los aliados no encontraban oposición. Tras una serie de sonadas victorias, los franceses se ven obligados a pasar a Francia perseguidos por los españoles, que llegan incluso a derrotarlos en Nivelle, sitiando también la ciudad de Bayona.

Acababa así la pesadilla para nuestros pueblos que, aunque lentamente, empiezan a recuperar la añorada tranquilidad que les había dado la espalda durante más de un lustro.

El último año de la contienda, el 1814, llegó con el ejército español en suelo francés, ocupando Burdeos y Tolouse, poniendo fin a la buena estrella de Napoleón y propiciando el regreso a Madrid del deseado Fernando VII.

Fue el fin de una devastadora guerra en la que los pueblos del Becedillas no se libraron de sus calamidades e infortunios.



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(*) Jesús Gómez Blázquez, natural de Becedas, es Licenciado en Filología románica y ha dedicado toda una vida a la docencia, entre Cheste y Requena. Autor, entre otros, de “Voces para el recuerdo”, un razonado diccionario de voces locales de la zona de Becedas.
(1) En esta época se cultivaban 377 fanegas de lino.
(2)Desde mediados del siglo XVIII la industria textil de Becedas venía sufriendo una notoria decadencia, aun así seguía siendo el tercer centro productor después de Béjar y de Hervás. Había tres fabricantes que ocupaban a 11 tejedores, 1 tundidor, 13 cardadores y 4 aprendices de cardador.
(3) El nombre de Gaspar Izquierdo aparece en los libros de bautismos de la parroquia de Santa María como testigo y como sacristán.
(4)  La vinculación histórica de Becedas a Béjar y a Salamanca queda de manifiesto una vez más en el devenir de la guerra.
(5) Mensajero enviado con despachos para entregarlos en diversos lugares.
(6) Las contribuciones de los vecinos a la causa de la guerra eran en parte remuneradas, pero habitualmente cobraban tarde y a precios irrisorios.
(7) Baltasar Gómez era el sexmero del Quarto de la Sierra, elegido como representante en las Asambleas Generales que se celebraban en las Salas Capitulares de la Villa. El cargo duraba dos años. Junto a él fueron también detenidos y conducidos a Salamanca D. Manuel López de Béjar, D. Antonio Rico de Candelario, D. Antonio Soriano de Lagunilla y D. Mateo Gómez de Baños.
(8) Las sumas no coinciden pero así figura en el original.
(9) La traducción del apunte en francés es la siguiente: certifico verdadera la anotación anterior y el dinero percibido de los pueblos de Gilbuena, Junciana, Becedas y San Bartolomé, por el comisario civil de Béjar, para la contribución extraordinaria.





 

Terrae Antiquae

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