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CENTUM CELLAS
El estaño puebla la Sierra de la Estrella desde tiempos prehistóricos y seduce a los romanos


José María Pita





El castro da Chandeirinha –ahora en proceso de clasificación por las autoridades portuguesas– se eleva discretamente sobre el valle del Zêzere y permite contemplar en toda su amplitud la ladera oriental de la Sierra de la Estrella; en el fondo del valle, la carretera que une Belmonte con Braga (Bracara Augusta) y Mérida (Emerita Augusta).

Poblado por lusitanos desde el Bronce, (aunque hay ciertas dudas sobre su cronología), este castro –evidentemente defensivo– sobrevivió gracias a la abundancia de recursos ganaderos, agrícolas y mineros de que dispone la comarca central de las dos Beiras.

Unos atractivos más que suficientes para despertar la codicia del invasor romano, que pronto tejió una red viaria, entroncada con la Vía de la Plata y Gallaecia, para asegurarse el suministro de oro y estaño, y disfrutar, de los excelentes vinos y aceites que allí se producían (y se siguen produciendo).

Del primitivo castro solo queda un talud y poco más, pero de la ocupación posterior de sus alrededores queda la bellísima población de Belmonte, que conserva numerosos testimonios de su larga y compleja historia. Entre ellos, destacamos aquí dos quintas romanas: Quinta da Fórnea y Centum Cellas, siendo esta última el objeto de nuestro atención.


LVCIVS CÆCILIVS

A mediados del siglo I, Lucius Caecilius, un rico comerciante de estaños, construye una quinta espléndida al píe de la Sierra de la Esperanza, mirando de frente a la Sierra de la Estrella. Componen la quinta una serie de edificios auxiliares, además de la Torre, de los que solo han llegado vestigios hasta nuestros días. Parece ser que allí hubo cuadras, bodegas, almacenes, termas, y muchas habitaciones para la familia de Lucius y su servidumbre. Sin descartar la posibilidad de que, a lo largo de su atormentada historia, fuera utilizada como prisión, como nos dice la tradición popular, y a lo que dedicaremos atención más adelante, y hasta como sede de un campamento romano ¿?.

La atribución de la propiedad a este rico hacendado se basa en un único testimonio arqueológico: una inscripción encontrada in situ, que nos permite conjeturar también que debió alcanzar su máximo esplendor entre su fundación, en tiempos de Augusto, y los tiempos de Agripa, siendo destruida en el siglo III por un incendio y, posteriormente reconstruida. Restos de las termas han llegado hasta los años 40 del siglo XX, como atestiguan los propios habitantes de la zona: "parecían hornos de teja como los de cocer el pan" y fueron destruidas para dar paso a la actual carretera local, a escasos metros de la imponente torre.


CENTUM CELLAS

El único monumento singular que queda en pie es la torre, conocida como Centum Cellas (Centum Cellæ, Centum Celli, o Centum Cœli), o Torre de San Cornelio, pues la tradición sitúa a este santo como prisionero en la Torre, al cual dedica una capilla que quedó destruida en el siglo XVIII.

La torre es una sólida construcción granítica de dos plantas, ahora exenta, aunque en tiempos pudo tener adosado algún otro edificio del que solo quedan vestigios. Todo hace que sea muy enigmático determinar su funcionalidad original ¿praetorium, templo, prisión, mansio, villa? Aunque ya hemos indicado que esta parte, la mejor conservada del conjunto, parece acreditado que fue la villa de Lucius Caecilius. La belleza y perfección de su construcción nos hablan del conocimiento profundo de las técnicas de Vitruvio que aplicó con soltura su anónimo constructor.

La primera planta, red de calzada, comprendía varias salas, posiblemente dedicadas a diversos servicios, mientras que la planta superior disponía de una gran sala con amplías ventanas y puertas por las que se accedía a una terraza soportada por columnas toscanas. El resto de las piezas estaba ordenada en forma de U, dando vista a un patio central. El tejado vertía a dos aguas con un frontón triangular en sus fachadas norte y sur. En la parte izquierda apareció una sala con ábside, posiblemente un templo familiar (larário) dedicado al culto de Venus o Minerva, como atestiguan las siete aras decoradas que se han encontrado.

La zona excavada hasta el momento, situada junto a la carretera local de Colmeal da Torre, como ya he dicho, es una pequeña parcela (pars urbana) de la villa de Lucius Caecilius; la pars rustica está todavía sin excavar, aunque todo parece indicar que las termas y otros edificios alli construidos están irremediablemente perdidos por la plantación de viñas y la construcción de otros edificios en sus alrededores (1).

Un incendio, documentado arqueológicamente, destruye la villa a finales del siglo III, pero no puede con los sillares graníticos de la torre. De su posterior reconstrucción, en período tardorromano, pueden datarse la capilla ya mencionada de San Cornelio y un interesante conjunto de sepulturas, algunas perfectamente visibles hoy, junto a los accesos a la villa, como era habitual en aquellos tiempos; las lajas de tegullae que todavía recubren sus muros interiores se mantienen en perfecto estado.

En la Edad Media, Centocelas recupera protagonismo al serle concedidos los fueros por el rey D. Sancho I en 1188. Fuero que el propio rey revocó en 1199, tras un acuerdo firmado con D. Pedro, Obispo de Coimbra, que trasmitía estos fueros a Belmonte por razones estratégicas. En esos años turbulentos, su situación fronteriza convierte a la torre en enclave defensivo, quedando en ruinas prácticamente todas sus estructuras anexas.

Las leyendas en torno a Belmonte y, en particular, a esta singular torre, no faltan; alguna habla de que la construyó una mujer que llevaba a su hijo a la Costa, y que la hizo tan alta que su sombra ocultaba montañas y valles, entre Valhelhas y Nossa Senhora da Estrela, donde –decían– había una ciudad subterránea, Valongo. A lo largo de generaciones la torre y sus alrededores han sido excavados en busca del Becerro de Oro que debía estar cerca de su entrada principal (2).

Centum Cellas es Monumento Nacional por Decreto nº 14.425, de 15 de Octubre de 1927





(1) Excavaciones dirigidas por el Dr. Aurélio Ricardo Belo entre 1958 y 1960 y por el IPPAR entre 1993-1998, dirigidas por la Drª. Helena Frade
(2) Cristina Nogueira; Roteiro do Concelho de Belmonte. Cámara Municipal de Belmonte (2005)


 
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