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Arquitectura sin arquitectos
Chozo en La Coba. San Juan del Olmo (Ávila)
José María Pita
En las inmediaciones de la Necrópolis de La Coba –en uno de los prados cuya ladera vierte directamente al embalse–, hay un chozo sobre un posible sistema megalítico que, por méritos propios, merece ser documentado y consignado como una singular muestra de nuestra arquitectura vernácula.
Se trata de una construcción simple, –tres muros de cierre tapando los espacios entre las rocas– que aprovecha el recinto interior dejado por estas. Un recinto gratuito capaz de rendir un servicio impagable a su propietario, que aprovechó con notable eficacia e imaginación las posibilidades que la naturaleza le ofrecía, como es habitual en todas las construcciones que vamos presentando en este epígrafe de Arquitectura vernácula.
Me voy a limitar a presentar las características arquitectónicas y, hasta donde he podido llegar, funcionales, de esta pieza singular.
A caballo entre la Arquitectura y la Escultura
Alguien ha dicho que un menhir es escultura y un cromlech, arquitectura. Este chozo está a caballo entre ambas. Piedra a piedra, completa un conjunto natural, al que aporta la modificación del paisaje que caracteriza a la Arquitectura.
Orientado al norte, el perímetro ronda los 40 m y su altura máxima es de 3,5. Dos muros de un solo paramento cierran el conjunto por las caras norte y oeste.
El interior es un recinto casi circular de 3 m de diámetro y una altura máxima de 2. Dos de las rocas del conjunto forman una bóveda que, en algunos puntos, se ha terminado de cerrar con bloques de granito de tamaño medio; esta misma labor ha sido necesaria para cerrar uno de los huecos interiores.
El vano de acceso tiene 0,70 m de altura y 0,45 de ancho, lo que define la funcionalidad del chozo deja pocos dudas: se trata de un depósito al que no puede acceder el ganado mayor, pues fue pensado como "paridera" para ovejas y alojamiento provisional de los corderos recién paridos. A pesar de la dificultad de acceso por su reducida puerta, en algún momento pudo ser utilizado también como refugio provisional. El suelo es de una capa de tierra, aunque buena parte de su superficie se apoya sobre el enorme canchal que sostiene al conjunto; en el momento de redactar estas notas, el chozo está limpio y alberga restos de aperos ganaderos.
El desnivel del prado llega a alcanzar el 15%, siendo más relevante en la cara oeste. Está muy cerca de las fuentes del río Almar, en el paso natural que une el Valle Amblés con el camino hacia La Moraña –al norte– y Sanchidrián y Segovia –al este–, pasando por San Juan del Olmo y Muñico.
Una zona tradicional de cria y paso de ganado mayor, en la que todavía pasta una respetable cabaña de bovino.
Desde el punto de vista arquitectónico merece destacarse el adintelado de la puerta por su sencillez: una losa sobre dos jambas son una buena manera de comenzar la obra, que se completa con los bloques que cierran el hueco en ordenado desorden.
Un excelente ejemplo, desde mi punto de vista, de construcción auxiliar, en explotación pecuaria. En este caso, con el valor añadido de una belleza monumental, no pretendida por su autor, pues es seguro que éste buscaba la máxima eficacia y sencillez de construcción, con un aprovechamiento óptimo de los recursos a su alcance. Subrayo que en el mismo prado, aún quedando extramuros de la Necrópolis, hay un par de magníficas tumbas antropormofas, una verdadera lección de trabajo de cantería.
Pero esa es otra historia.
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