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El Molino del Camarón
Ángel Luis Mayoral
Coordenadas: 40 º 28’ 10’’ – 5º 26’ 15’’, en el mapa del Ministrerio de Fomento (Instituto Cartográfico Nacional) 1: 25.000, hoja 554-1, La Horcajada.Situación: En la margen izquierda -aguas abajo- del río Corneja, en el vértice que forman las lindes de La Horcajada, El Villar de Corneja y Hoyorredondo, entre el Prado de la Encina y Los Cabezos, muy próximo al puente de la carretera de Piedrahita a Béjar, cerca de El Villar.
Se emplaza en el curso medio del río Corneja -ya muy remansado desde Villafranca, en cuya garganta hay abundantes molinos, y que, tras su paso por Mesegar, y mediando entre Palacios y San Bartolomé posteriormente, deja, hasta llegar al Villar, una vega que hoy, tras una concentración parcelaria, ofrece buenos prados para heno y algo de cereal. Es pues una zona poco adecuada para molinos, por la tranquilidad y anchura del cauce, inconveniente que se ha salvado en el caso de nuestro estudio con una obra de represa que deriva el agua hacia la cacera que abastece el molino; la presa es de buena factura, de bloques de piedra encajados, y es el elemento que otorga fuerza al sistema, puesto que el desnivel entre la admisión y la expulsión -como decíamos- es poco relevante.
Ya algo más abajo, se encajona el Corneja entre Los Pajizos (1.001 m.) y Las Cuestas, propiciando -aquí sí- salto y fuerza suficiente para otros molinos que en diferente estado de conservación, aún existen: La Fonseca, Los Pajizos, La Máquina de Fuego, Los Muertos. Entre el molino del Camarón y La Fonseca no se ha realizado concentración parcelaria, por lo que se observa en esta zona un paisaje arcaico de usos ganaderos con numerosos elementos que merecerán nuestra atención más adelante.
Uno de ellos podría estar precisamente en un prado que dista apenas 150 m. del molino del Camarón, siguiendo el camino hacia el puente, en el que observamos un conjunto lítico donde predomina una roca de unos tres metros de altura que presenta una repisa, que es más un entrecejo, y que podría sugerir alguna analogía; pero no es esto lo importante.
En su inmediato alrededor, hay una piedra en “umbo” que se suaviza hasta una plataforma -hoy dividida por una grieta- en la que hay tallada una pequeña pileta trapezoidal de entre 65 y 35 centímetros de anchura y una profundidad máxima de 15 centímetros. Habrá que considerar la posibilidad de que pueda haber sido utilizada para manipular algún tipo de material o producto, como lagareta.
Llama también la atención otra roca muy próxima que presenta un trabajo de talla formando una pileta cuadrada de unos 60 centímetros de lado, de borde exterior algo redondeado, y un máximo de 10 centímetros de profundidad. La posibilidad de estar ante un conjunto que en otros tiempos tuviese carácter sagrado no es desdeñable, teniendo en cuenta la conjunción de límites y caminos: el Camino de los Cabreros, el Camino de los Barreros, el Camino de El Barco de Ávila, que viene directamente desde La Horcajada, y el Cordel de Merinas (consultar http://es.wikipedia.org/wiki/Cordel_de_Merinas); además de la proximidad al río, al molino y al puente.
No se observan, no obstante, signos de cristianización en las propias rocas, ni vestigios de ermita, o topónimo que indique que en el lugar se haya producido continuidad o superposición de culto, porque el Camino de la Ermita parece nacer en el Castillo y -pasando por el Cerrado Santero- terminar en Las Veguillas; todo ya en término de Hoyorredondo. Hay que considerar, sin embargo, que en el propio molino sí se observan estos signos, como luego veremos.
No es fácil establecer una cronología para este tipo de instalaciones; en nuestra opinión, atendiendo a la factura y el desgaste, podría ser medieval, o a lo sumo visigodo.
El molino, hasta época relativamente reciente, no estaba aislado, sino rodeado de un conjunto de al menos seis construcciones de las que hoy una está rehabilitada, el resto, incluyendo el propio molino, se encuentra en franco estado de deterioro, aunque entre los derrumbes del interior aún puede verse parte de la maquinaria de molienda. No parece haber llegado a ser fábrica de luz.
Dos de estas edificaciones se hallan separadas del conjunto a la izquierda del camino hacia la Fonseca y presentan un espacio en el centro, probablemente destinado a corral o recinto para utensilios, que actúa de división, y tiene un pequeño pilar que pudo servir para la sujeción de un enramado. El resto de las edificaciones, a la derecha, forma un recinto cuadrado con el molino al fondo, creando un patio o lugar común.

Y es en este lugar precisamente donde podríamos quizá suponer, con más posibilidades de acierto, la celebración de ritos religiosos; avala esta suposición la presencia de al menos seis cruces: cuatro en el lienzo frontal del propio molino y dos en un elemento exento. De entre las primeras, dos están situadas en la cuarta hilera de piedras -desde el suelo- del muro del molino que esquina con el de admisión. Una de ellas, en el mismo borde del muro, parece una cruz ancorada; la otra presenta una base triangular dividida por la cruz, posiblemente de evangelización o calvario.
Abajo, un poco a la izquierda de ellas hay otra muy marcada cuyo soporte es un elemento de difícil catalogación. Su posición actual señala que fue probablemente utilizado en época reciente como poyo o asiento, aunque su perfil para este uso (20 cm.) resulta un poco bajo. En él, como decíamos, concretamente bajo una especie de relieve cerca de uno de los extremos, se ha practicado una cruz latina muy marcada en el sentido de la posición actual; esto es, que se percibe como cruz desde el punto de vista en que hoy encontramos el elemento: en posición horizontal.
En este sentido, a la izquierda, en el cuerpo central, hay grabada otra cruz más pequeña mucho menos marcada. Repartidas por este mismo espacio, sin llegar a afectar al que ocupan la primera cruz y el relieve de cabecera, pueden observarse al menos cuatro cazoletas: tres juntas en hilera, y otra algo más separada, próxima a la grieta que divide hoy la pieza.
Sin entrar a especular sobre si estamos ante un elemento sacralizado que anteriormente hubiese podido estar dotado de otro significado, no podemos dejar de observar que su apariencia sugiere la posibilidad de que su posición actual no fuese la original, y a ello nos lleva precisamente el estudio de su forma. La longitud (entre 2,20 y 2,25 metros) la regularidad de su anchura (40 centímetros casi uniformemente hasta cerca de la base en que se reduce apenas tres o cuatro centímetros) y el escaso perfil, como ya señalábamos, nos induce a pensar que estamos ante un elemento más apropiado para estar de pie que tumbado. La confirmación de este extremo solo podría producirse, en nuestra opinión, comprobando si la cara hoy oculta ofrece algún otro signo, lo que escapa de nuestras funciones.
Sobre el cuerpo central, en la segunda hilera de piedras del muro, aparece una cruz bolada. Algo más a la izquierda, en una piedra que haría las veces de jamba de la entrada a la edificación del molino y que forma también el lienzo frontal, hay un signo grabado que sugiere una especie de J, o un 4; en la piedra base de esta misma jamba se aprecia otra cruz bolada de medidas y talla similares a las de la esquina del muro.
La proliferación de símbolos cristianos en un espacio concreto, alineados en un plano frontal, invita a pensar en un recinto habilitado para la celebración de culto, al menos eventualmente, porque otra circunstancia -la sacralización del espacio, o la superposición o apropiación de espacio cultual, por ejemplo- nos llevaría necesariamente a plantearnos que había mucho por cristianizar; es decir, mucha superstición, paganismo, o religiones distintas por conciliar o erradicar.
Pero eso habrá que verlo con mirada más amplia, sin descartar la posibilidad de que esos elementos provengan de otro u otros lugares para su reutilización.
No habrá que ir mucho más allá para examinar otro elemento de interés: se trata de otra roca, ésta ya exenta de muro alguno pero muy próxima al de la primera casa (la única que se encuentra hoy rehabilitada), que está situada a la entrada del patio o recinto interior, un poco a la derecha mirando hacia el molino. Presenta una superficie plana, escalonada en cabecera, considerando ésta como la zona que da al camino, en la que parece haberse tallado algo toscamente un pequeño filete en uno de sus lados. Este detalle y el escalón que se aprecia en esa zona parecen querer enmarcar una superficie plana muy peculiar.
En la zona central, se observan, formando algo parecido a una hilera, algunas cazoletas de escasa profundidad y parecida factura de las del poyo del molino. Dos de ellas se advierten bajo la capa de mortero (la plataforma debe haber sido utilizada para estos menesteres recientemente) que aún permanece adherida a la piedra, y alguna puede estar completamente tapada.
En este mismo espacio central, se observan talladas dos pequeñas cruces muy juntas, y una tercera, algo cubierta también por los restos de mortero, que se adivina más marcada y de mayor profundidad que las otras -incluso un poco mayor de tamaño- y que se sitúa casi exactamente en el centro de la plataforma.
Completan el conjunto otros orificios bajo el escalón de la cabecera -nos parece observar cinco, al menos- con un diámetro similar al de las cazoletas de la zona central, pero de mayor profundidad (hasta 7 centímetros). Una parte, al pie, permanece semienterrada, su limpieza y descubrimiento quedan a cuenta de quien corresponda.
No será fácil determinar si esta plataforma está relacionada con los signos de sacralización que antes describíamos, porque, aunque su proximidad establece una relación actual, no sabemos, por ejemplo: si el poyo cuya cruz pequeña, similar a las dos cruces de la plataforma que aparecen juntas, está en su lugar original; ni si las cazoletas que se aprecian en ambos elementos pueden relacionarse sin más análisis -teniendo en cuenta que en la propia plataforma coexisten dos clases; ni si las cruces boladas, de calvario y de áncora, aún teniendo similares características, fueron grabadas por las mismos motivos o en la misma época.
Procede por tanto señalar estas coincidencias y tenerlas en cuenta para efectuar una valoración completa más adelante, cuando dispongamos de más datos. Ello no obstante, no impide que consideremos que las cruces de pequeño tamaño que observamos en la plataforma son muy similares a las cruces de linde que hemos visto en otros lugares, ni que pensemos que la propia plataforma es un lugar adecuado para la práctica del juego, tipo alquerque o mesa para dados, sin desestimar otras posibilidades; ni que, puesto en pie el poyo, nos haga rememorar piezas de tiempos muy pretéritos.
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