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Necrópolis de La Coba. San Juan del Olmo (Ávila)
Ángel Luis Mayoral - Mª Luisa Savirón
Situación
La Coba se encuentra en la carretera de Muñana a San Juan del Olmo, en un estrecho valle de la Sierra de Ávila, al que se accede a través del Puerto de Las Fuentes. “Situada al norte de la ciudad de Ávila, constituye una zona de relieves suaves donde se alternan colinas y lomas redondeadas con valles poco profundos. La vegetación dominante es el encinar, adehesado en ocasiones y relativamente poco desarrollado pero que en ocasiones puede llegar a cubrir extensiones considerables de forma continua.
Presenta una notable extensión de dehesas situadas, al norte de la ciudad de Ávila, sobre arenas o berrocales e inmersas en un paisaje ondulado y surcado por ríos que sufren un fuerte estiaje durante el verano. Resultan frecuentes los pastizales de diferente naturaleza, vallicares, majadales, berceales, así como matorrales retamoides. Todo ello configura un espacio de alto valor biológico en el que además de los elementos de vegetación indicados, encuentran refugio multitud de animales. Destaca la presencia reproductora de águila imperial ibérica (Aquila adalberti) y de águila real (Aquila chrysaetos).
Algunas de las cumbres más relevantes del paisaje de la sierra de Ávila, además de su pico más alto, son el cerro de Gorría (1.727 m), situado en el extremo noreste de la sierra, el alto de Las Fuentes o Cabeza Mesá (1.679 m) y el altiplano de Villanueva (1.637 m).
Una segunda alineación montañosa entre el cerro de Gorría y Ávila se encuentra drásticamente interrumpida por el valle de Sanchorreja, que la corta en dirección noreste a 1.300 m de altitud, de forma que quedan separados orográficamente la sierra de Ávila y los relieves montañosos de Canto Cachado y cerro Bajero (1.554 m).
Por otra parte, desde Martiharrero a San Juan del Olmo, pasando por Duruelo, Casasola, Altamiros, Chamartin, Cillán, Narrillos del Rebollar, Pasarilla, Valdecasas, Balbarda, Oco, Sanchicorto, Padiernos o Sanchorreja, la sierra de Avila atesora uno de los más ricos patrimonios históricos España.
http://www.montipedia.com/avila.htm
Introducción
Presentamos este trabajo con el ánimo de documentar un yacimiento que en nuestra opinión es uno de los más interesantes de la provincia de Ávila.
Algunas han sido ya las visitas que hemos realizado al lugar y siempre nos ha llamado la atención observar la dificultad que ofrece apreciar por completo la importancia del yacimiento en conjunto.

Efectivamente, la visita es compleja por diversos motivos. Por una parte, la señalización no es todo lo exhaustiva que uno podría esperar para una visita auto-guiada, ya que se sustancia con tres o cuatro carteles que intentan explicar en tan exiguo espacio la tradición de los enterramientos, la forma en que se ahuecaba la roca, y la situación de las zonas en que se encuentran. Tenemos que decir, lamentándolo mucho, que pocos de estos objetivos se consiguen.
Por otra parte, la dispersión en zonas de la que hablamos no ofrece tampoco facilidades para su localización: dos de ellas están a un lado del arroyo y otras dos en el de enfrente, además de un pequeño grupo en una zona intermedia y otro aislado.
No está en nuestro ánimo acometer un estudio sobre la generalidad, la difusión, o el significado de lo que ha venido en llamarse “sepulcros antropomorfos” -denominación que ha condicionado no poco su estudio- o “tumbas excavadas en roca”, por lo que, como es natural, a los lugares en que se encuentran se les denomina “necrópolis”. La idea, como decíamos, es publicar una guía que ayude al visitante a apreciar el conjunto, a la vez que damos a conocer, a quien tenga interés, algunos elementos no catalogados -que sepamos- en la actualidad.

No negamos la posibilidad de que estos elementos hayan sido en algún momento utilizados con fines de enterramiento, o como lugares ceremoniales de exposición, previos a una inhumación, sin embargo, no nos parece que esté tan claro que todos los elementos correspondan a la misma época ni hayan sido todos objeto del mismo uso. Se eligió el estudio de esta necrópolis precisamente porque presentaba unas características muy particulares en cuanto a la variedad de tipos. No podemos presumir de haber encontrado las claves que descifren lo que, a nuestro entender, continúa siendo un misterio; nos limitaremos a establecer algunas reflexiones, única y exclusivamente con respecto a este yacimiento, sin que nos atrevamos a sugerir que puedan extrapolarse a otros lugares.
Se nos permitirá, no obstante, que hagamos antes alguna consideración sobre el particular.
Se han intentado con más o menos acierto diversas clasificaciones, sin que hasta el momento haya sido posible determinar una cronología y una procedencia cultural clara para todos los yacimientos en que estos elementos aparecen.
En el siguiente enlace puede encontrarse resumen de algunas publicaciones interesantes sobre este particular, que ilustra bastante bien algunas de las distintas hipótesis que se contemplan. http://albergueria.com/curiosidades.htm
Y, ya que lo mencionamos, queremos dejar constancia de nuestro conocimiento de la existencia del trabajo "Inventario y documentación de las tumbas y necrópolis excavadas en roca en la provincia de Ávila" (1) y de nuestro intento –sin éxito– por consultarlo, ya que se encuentra inédito. Desde aquí nuestro deseo de que salga pronto a la luz, aún en la seguridad de que no coincidirá con nuestro enfoque, con el fin de comprobar o revisar nuestros datos.
Teorías no faltan, como ven. Lo cierto es que aparecen en los lugares más dispares, aunque en una geografía precisa, en diferentes disposiciones y orientaciones y con distintas formas. Cabe preguntarse, y algunos lo han hecho, si es prudente considerar uno y el mismo fenómeno algo que se presenta en tan variadas manifestaciones.
En la Sierra de Ávila, se tiene constatada gran cantidad de estos elementos en Sanchicorto (Oco de San Simones), Las Cañadillas (Hurtumpascual), Brieva (Cillán), La Coba (San Juan del Olmo), y estamos seguros de que una prospección en profundidad del territorio podría ofrecer algunos hallazgos interesantes.
En los carteles explicativos mantienen que corresponden estas zonas a “áreas sepulcrales cristianas que pertenecerían a pequeñas comunidades de aldea, dispersas por la sierra, cuya base económica fue la ganadería, y que se mantuvieron al margen de los focos de influencia, por lo que conservaron numerosos arcaísmos. La orientación de los sepulcros excavados en los lanchares y bolos graníticos está condicionada por la disponibilidad de superficie apta, distribuyéndose anárquicamente. Tipológicamente presentan gran variedad: rectangulares, trapezoidales, tipo bañera o “fusiformes”, y antropomorfas.” Es cierto que este último tipo aparece en Oco, pero no es el caso de La Coba, que queda limitada a “bañeras”, trapezoidales y rectangulares.
Pensamos que la explicación del texto aquí citado deja algunos puntos poco claros sobre los que cabría considerar algunas cuestiones. Interpretamos que se sugiere que algunas de las primeras comunidades cristianas quedaron aisladas y dispersas por la sierra, en tiempos de plena dominación romana de toda la Península, y permanecieron aisladas durante épocas posteriores, al menos hasta la etapa visigoda. Es posible, pero habrá que tener en cuenta que está constatada una relativamente alta densidad de población en esas zonas en épocas anteriores a la romanización, al menos desde el Bronce. Debe recordarse que Ávila capital dista del lugar unos 45 kilómetros; Villatoro y Sanchorreja unos 30 kilómetros en direcciones opuestas; Ulaca y Chamartín unos 20 kilómetros, también en distintas direcciones; y Las Cogotas no andan tampoco muy lejos. Es decir, que tenemos que suponer este valle ya era vía de comunicación importante entre los principales centros vetones. Si nos paramos a considerarlo, centro mismo en realidad del núcleo de población probablemente más importante de Europa en la edad del Hierro. Por no mencionar hallazgos importantes en los también relativamente próximos de Diego Álvaro, Balbarda, Muñico, desde el Paleolítico a la Edad del Bronce; y los no menos importantes en este sentido, ya visigodos, del Cabezo de San Gil (Solosancho) y Los Henrenes (Cillán), que completan una secuencia de ocupación realmente amplia. Y parece también que la dominación romana fue plena en el Valle de Amblés y sus alrededores. Por otra parte, la Sierra de Ávila tiene algunas zonas abruptas que pueden suponer dificultades de paso en ciertos períodos muy concretos, pero no existen dificultades de la envergadura del Macizo Central de Gredos, por ejemplo, que eran salvadas desde época romana –y debemos suponer que anteriormente– de una u otra forma. Con lo que las posibilidades de aislamiento continuo y arcaísmo que se sugieren nos parecen altamente improbables. Y eso por mencionar exclusivamente los de la Sierra de Ávila, porque si considerásemos la gran cantidad de variables geográficas, generales y locales, de los numerosos yacimientos en que estos elementos se presentan en la Península, la posibilidad de aislamiento propuesta vendría a ser probablemente inadmisible. En los carteles de La Coba, se ofrece la misma información que en Oco, que ya trasladamos a estas páginas líneas arriba, admitiendo sin embargo que: La falta de investigaciones en la Sierra de Ávila impide su encuadre cronológico preciso.
También hay quienes defienden –muy respetablemente– la procedencia visigoda o medieval, exclusivamente, de este tipo de yacimientos. Cierto es que en algunos ha aparecido asociada algún tipo de impedimenta de estas épocas, y que incluso algunas necrópolis, sobre todo en las que se preservan enterramientos, pueden y deben asignárseles. Sin embargo, en La Coba y alrededores, no aparecen restos de enterramiento de ningún tipo, ni cerámica en abundancia, como correspondería a un lugar densamente poblado, ni se tiene noticia de la aparición de objetos metálicos pertenecientes a estas culturas. No abundan, por otra parte, noticias de necrópolis muy alejadas del núcleo de población que las nutre: reconozcamos que sería ésta una peculiaridad cultural notable. ¿Cabría especular con la posibilidad de varios núcleos civilizados, con manifestaciones culturales distintas, reconociendo un lugar sagrado común para la práctica de ritos de inhumación? Esto explicaría en parte la diversidad de tipos coincidiendo en un mismo espacio. Una teoría interesante, porque hay que considerar que no estarían compartiendo exclusivamente la “necrópolis”, sino el territorio, del que ésta sería centro ritual, de celebración, de ferias y mercados, en definitiva, de encuentro. Teniendo en cuenta las diferencias -casi nunca resaltadas- que se producen entre los distintos castros de la Edad del Hierro en la zona, y que, siguiendo a Álvarez Sanchís, nos atrevemos a pensar que provienen del sustrato indígena del Bronce y aún anterior, la hipótesis no parece excesivamente descabellada. E incluso existe la posibilidad de que se hubiese producido esta circunstancia en distintas épocas.
Lo que sí nos aparece claro cuando coronamos el Puerto de Las Fuentes y observamos el valle en que se encuentra La Coba, es que entramos en un paso transversal que une dos importantes comarcas, y que está flanqueado, a la derecha en dirección a San Juan del Olmo, por un monte de enormes lanchares graníticos planos que deben provocar una considerable escorrentía pluvial, algo sujeta hoy por una repoblación de pinar, ya antigua; enfrente, otra pendiente montañosa, algo más suave, con afloramientos graníticos esporádicos. Hay que hacer observar que el espacio parece haber sido dedicado a usos ganaderos en su totalidad, probablemente desde tiempos ancestrales. Es un valle húmedo y bastante frío en invierno, que no parece ideal hoy día para poblamientos, que tampoco asoman en el propio valle.
Por otra parte, nos ha parecido observar que la excavación de los “sepulcros” en lanchares y bolos graníticos no viene determinada por la disponibilidad de espacio rocoso útil, cuestión que parece ser aceptada sin crítica por casi todo el mundo. Hay lanchares en los que se observan excavados algunos sepulcros, dejando un espacio considerable alrededor sin excavar, y sin embargo; un poco más allá, se puede observar algún sepulcro en un bolo exento que ocupa prácticamente toda la superficie; y algo más allá, otro excavado en el mismo suelo. Hay lugares, como Cuyacabras, en los que se ha aprovechado casi al máximo la superficie de lanchar disponible, pero no son los más numerosos; en otros los elementos aparecen exentos y aislados, sin que se aprecien alrededor signos de devastación que hagan suponer una transformación radical del entorno: es decir, que estuvieron aislados posiblemente siempre. En La Coba se presentan -como se verá- en distintas agrupaciones y orientaciones, sin que esta circunstancia venga determinada por la disponibilidad o no de superficie rocosa.
El hidrónimo ALMAR. Dolores González de la Peña |
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La llamada hidronimia paleoeuropea está muy bien estudiada por Krahe, de Hoz, Villar, y en Galicia por Bascuas, Juan José Moralejo (Corgo)... Existe, no es un mito. ¿Qué otra explicación se le podría dar al cúmulo de nombres de ríos repetidos por toda Europa?
Probablemente remiten a una lengua común muy antigua, de tipo indoeuropeo, que se habló en todo el continente dejando una clara huella en los nombres de ríos, que son los topónimos más resistentes al cambio. Almar (afluente del Tormes) sería un claro ejemplo, ya recogido por Krahe, presenta la misma base *ALM- que aparece en el Almonte (afluente del Tajo), en el riachuelo Almeira (Pacios, O Incio, Lugo), en la Laguna de los Almeros (Ciudad Real), en el río Almeria (en un documento del siglo XI, en los Vosgos)...Digamos que la existencia del hidrónimo Almar es garantía de la presencia de una población antigua y estable (continuidad de la misma) en la zona. La base *ALM- proviene de la raíz *EL-, "fluir".
En realidad la raíz según la base de datos de Pokorny es EL-3 /OL-, "pudrirse", de ella derivan en lenguas europeas palabras como el noruego ulma, "enmohecerse" o el lituano almens, "líquido que fluye de un cuerpo en descomposición", que aunque no sean conceptos muy agradables sirven de conexión con el hecho de que aparezcan ALM- y OLM- como hidrónimos.
Pero en particular en el caso de los ríos llamados Olmos (que los hay, y muchos en la península) sería difícil asegurar si estamos ante un hidrónimo paleoeuropeo o ante un término proveniente del latín ulmus, "olmo"(árbol).
Sería un caso de homonimia insoluble.
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¿Podríamos estar ante una técnica que perdura en el tiempo y es practicada por diversas culturas, con el mismo -o distinto- fin? Pues quizá sea esto a lo que más se acerca nuestra actual posición, pero habrá que esperar a más y mejores estudios para que pueda resolverse definitivamente esta cuestión. De momento, nos conformaremos -como decíamos- con ofrecer la visión más completa que hemos logrado del yacimiento, con el fin de intentar ayudar a que cada uno pueda formarse su propia opinión (2).
Luis Benito del Rey y Ramón Grande del Brío, en la Introducción de su libro: Santuarios Rupestres Prehistóricos en el Centro-Oeste de España, señalan que estos lugares donde, como decían los antiguos, sopla el espíritu, son centros de manifestación de la divinidad. Y es muy posible que estemos ante uno de estos lugares. Apenas a un kilómetro del sector más alejado de La Coba, algo más abajo del Puerto de Las Fuentes, siempre hacia San Juan del Olmo, encontramos la ermita de Nuestra Señora de Las Fuentes; siendo éstas, las dos fuentes independientes que nacen en el lugar, las que configuran el nacimiento del río Almar, afluente del Tormes, que posee la particularidad de ser un río bífido, y transcurre en doble vertiente hasta Bóveda de Río Almar, confluyendo ya unificado cerca de Alba de Tormes.
Si aceptamos lo expuesto por los autores citados, que recogen la opinión de algunos otros, en cuanto a las propiedades espirituales de que está dotado un lugar concreto, pocos podremos encontrar que las reúnan de forma más significativa. Una divisoria de aguas con dos fuentes que son el nacimiento de un río, un posible vado (donde hoy se encuentra una balsa), una “necrópolis”, y una ermita, asociada con el culto al agua (¿enlace a Vírgenes de las Fuentes?) que conserva aún su coso taurino, son argumentos de peso. Como se ha dicho, no es intención de este trabajo abordar temas generales como el de la espiritualidad del hombre antiguo porque, sea cual sea la corriente que uno defienda o abrace, creemos estar ante el hecho innegable de un espacio sacralizado desde épocas muy remotas.
(1) "Inventario y documentación de las tumbas y necrópolis excavadas en roca en la provincia de Ávila"; DÍAZ DE LA TORRE, Jorge M.; CABALLERO ARRIBAS, Jesús; CABRERA GONZÁLEZ, Blas; MARTÍN VISO, Iñaki: Institución Gran Duque de Alba, 2005;
(2) Ver para ésta introducción los siguientes enlaces y Bibliografia:
http://www.montipedia.com/avila.htm
http://www.navarredondadegredos.net/geologia.html
- M. DORADO, A. VALDEOLMILLOS, B. RUIZ ''Actividad humana y dinámica de la vegetación en la Sierra de Ávila (Sistema Central Español) desde el Bronce Medio''. Polen, 11: 39-49, (2001), España.
- Andrade, A. & Ruiz, B. (1.993). "Evolución de la vegetación en la vertiente septentrional de la Sierra de La Paramera (Ávila, durante los últimos 3.000 B.P., basada en análisis polínicos". Actas 30 Reuniâo do Quaternario Ibérico. G.T.P.E.Q. A.E.Q.U.A.: 19-23.
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Herrero Matías, Miguel (2002); La sierra de Ávila : geomorfología del área de contacto del Sistema Central con la cuenca del Duero entre los ríos Adaja y Tormes. Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid. Defendida en 1993.
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