Templarios

Dos megalitos en la Dehesa de Poveda

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Reflexiones en torno a una posible cabeza céltica
en Neila de San Miguel (Ávila)

© José María Pita


¿Una cabeza céltica en Neila de San Miguel?

Isabel (1) nos hace llegar desde Neila de San Miguel la foto que acompaña estas líneas. Sospecha que puede haber alguna relación, aunque solo se trate de estilo artístico, con el Jano de Candelario estudiado en otro apartado de esta web. Con nuestro agradecimiento a Isabel, vamos a tratar de contextualizar esta singular pieza de cantería que, como puede apreciar el lector, presenta el relieve de un rostro humano que nos recuerda, a simple vista, otras obras de atribución céltica.




































El sillar que contiene la escultura excisa, a modo de canecillo. tiene en su cara frontal 60 cm de ancho por 70 de altura. El costado deja visibles 70 cm, quedando ocultos otros tantos por una capa de enfoscado, según nos confirma el propietario del edificio. El relieve de la cara puede alcanzar los 8 cm en su punto más elevado.

El emplazamiento actual del sillar data del primer tercio del siglo XX, fecha en la que se levanta el edificio que lo contiene. Hasta entonces, solo sabemos que allí había un corral, y que la piedra en cuestión se reutilizó sin más, como se ha venido haciendo en tantas otras ocasiones.

Como puede apreciarse en la foto de Isabel, el relieve está muy erosionado y plantea, por tanto, enormes dudas para su posible atribución y datación, pero el entorno en el que aparece reclama, en cualquier caso, la atención de todo aquel que se sienta comprometido con la defensa de nuestro patrimonio cultural. Con ese ánimo estamos hilando estas breves reflexiones que comienzan, como parece obligado, por un intento de definición de la figura.

El calco anexo, dibujado con el auxilio de medios digitales, nos permite aislar sus relieves más significativos; en un primer intento de obtener la mejor interpretación de su trazado, rasgos y, en la medida de lo posible, acercarnos a su expresión y la intención del artista.

La cabeza parece masculina, desnuda, sin atributos, con la excepción de una protuberancia en el mentón, que parece una perilla.

Destaca, a pesar de la erosión sufrida, una cierta aspiración a la calidad artística en su ejecución, un deseo por parte del artífice de mejorar el producto final, ciertamente algo más digno que el promedio de las cabezas de piedra célticas y algunas de las cinceladas en períodos posteriores. Compárese la idea del artista anónimo con algunos ejemplos célticos que incluimos como soporte a lo largo de este trabajo.

Los ojos pequeños y una nariz que apunta formas triangulares podrían encuadrarse en los parámetros de lo que a priori consideramos convencionalmente como "arte céltico". Entrecomillo para advertir al lector del riesgo de atribución de carateristicas a un diseño tan erosionado. Por ejemplo, esa media sonrisa que creemos adivinar, encuadrada en el conjunto, compone un gesto poco expresivo, carente de elementos definitorios de estados de ánimo. Y, por eso mismo, difícilmente atribuible a algún personaje relevante, guerrero o civil. La boca entreabierta se encuadra en los esquemas de diseño de tradición céltica, y de ella existen abundantes ejemplos, repartidos por casi toda Europa. Por su geometria y tamaño, el sillar nos permite descartar varias posibilidades de utilización. Es obvio que no se trata de un capitel, ni de un dintel; antes bien nos recuerda algunas de las cabezas que hemos visto en la Sierra de Gata, documentadas en su momento por Rodriguez Arroyo (2), y que no pasan de ser piedras embutidas en paramentos de algunas viviendas, aunque escondan intenciones votivas u otras que desconocemos.

Hay otras importantes cuestiones de diseño que deseo resaltar. Cuando se compara la cabeza de Neila con el Jano de Candelario y otros, como se aprecia en la figura que incluyo a continuación con esa idea, Jano lleva bigote, aspecto subrayado por muy diversos autores como distintivo de estas representaciones de arte céltico. Otra singularidad es el trabajo inciso o picado de las órbitas oculares, que dejan espacio en su interior para unos ojos trabajados en relieve, justo al contrario que la cabeza que nos ocupa, cuyas órbitas han sido vaciadas por picado.


















Parece claro, por otro lado, que nuestro sillar ha sido cuidadosamente careado y canteado para ser colocado en una posición similar a la que ocupa actualmente, aunque nunca podremos afirmar cual fue su emplazamiento primitivo.

Para este autor, y otros que iremos citando, cuyas opiniones compartimos, como irá viendo el lector, resulta aventurado clasificar esta y otras esculturas similares como célticas, y menos aún, datarlas como rigurosamente contemporáneas, salvo algunas excepciones muy significadas, entre las que cabe destacar las publicadas como inéditas del Castro de Yeltes (Salamanca), por J. M. Blázquez (3), una de las cuales reproducimos a la derecha. Antes bien, nos inclinamos a pensar que los maestros y artesanos canteros de la zona, en épocas posteriores, se inspiran en muestras conocidas de arte indoeuropeo, que copian o tratan de imitar, con mayor o menor fortuna. El acabado tosco que apuntábamos más arriba es una característica casi definitoria de este tipo de trabajos, como lo es también en el caso de los verracos, cuyos atributos y rasgos físicos se apuntan con una gran economía de trazos. y se inscriben por derecho propio dentro de los estilos artísticos de trazo esquemático propios de culturas previas en el tiempo.

¿Podría ser Marte el titular de la cabeza?

Si empezamos por soñar en la posibilidad de atribuir la cabeza a una divinidad, no deberíamos descartar la posibilidad de que esta y otras cabezas a las que nos venimos refiriendo, tratasen de representar a Marte o, como dice textualmente la doctora López Monteagudo (4), a la ecuación Marte/Júpiter, apoyándose en textos del ya citado J. M. Blázquez (5).

Esta divinidad fue adorada en diversos cultos y liturgias documentados para los pueblos que habitaron el entorno del rio Duero. pero su carácter guerrero es, siempre según Blázquez, lo que confirman las fuentes clásicas cuando se referían a ella como receptora de los sacrificios humanos propios de lusitanos, vascones y bletonenses. Alcanzan su máxima expresión plástica en las cabezas cortadas a las que vamos a dedicar atención a continuación.

Se trata, en definitiva de una posibilidad nueva y muy atractiva, enmarcada en la idea de la protección divina propia también de los lares, entre los que encuadraríamos, al Jano bifronte de Candelario, citado ut supra. No debería extrañarnos, aunque con cautela, que Jano haya estado en una fachada situada en plena vía de trasiego trashumante en un ramal pecuario del cordel de Béjar, pues esa es, precisamente, la situación del solar que ha visto las sucesivas construcciones en las se enclavaba esta cabeza.



La afición a cortar cabezas y exhibirlas en la puerta

La tradición escita de descabezar al enemigo hizo fortuna entre el magma de sus vecinos indoeuropeos, que, al parecer, se aficionaron a colgar en la puerta de casa las cabezas de los vencidos, en explícita referencia a su triunfo guerrero. Era este un argumento incontestable, cuya noticia nos ha llegado avalada por las referencias literarias de las fuentes clásicas.

Dice Diodoro: "Cortan las cabezas de los enemigos muertos, las atan a los cuellos de las caballos y entregan estos despojos sangrientos a los esclavos. Las llevan como botín cantando, el pean e himnos de victoria y las cuelgan en sus casas como primicias como si hubiesen matado en alguna cacería una fiera". Y lo corrobora Estrabón: "al salir del combate cuelgan del cuello de sus caballos las cabezas de los enemigos matados, y las llevan consigo para fijarlas como espectáculo en los vestíbulos... Las cabezas de las personas importantes las fían a los extranjeros, conservada en aceite de cedro y rehúsan venderlas aún a peso de oro". (6)

Conviene precisar que las cabezas de arte celta representadas en piedra han sido clasificadas por las autoridades que venimos citando, con un elevado nivel de consenso, como cabezas trofeo, por lo que debemos dejar claro que en ningún caso se trata de representaciones figurativas de individuos decapitados, sino de trofeos propiamente dichos, sin relación con la costumbre de decapitar a los vencidos. Pero este valor simbólico se altera y sufre transformaciones con el paso del tiempo. Así, podemos encontrar, todavía en período céltico, importantes cabezas talladas que carecen de valor simbólico, siendo simplemente elementos decorativos desprovistos del valor semiótico que pudieron tener en momentos históricos precedentes. La cabeza vettona de la Fuente de la Braña, en Talaván (Cáceres), documentada por nuestro amigo Juan Gil Montes, apareció en el "oppidum" celta de Eberóbriga, en el Cerro de Quiebracántaros, y fue posteriormente reutilizada como fuente.

Debo también plantear la posibilidad ya mencionada de que estas cabezas decorativas hayan sido talladas en época muy posterior, careciendo, por tanto, de los significados que habrían tenido en caso de ser atribuibles a manos rigurosamente celtas. De estas, aunque los ejemplos son abundantes en la zona, le muestro al lector uno cercano: las cuatro cabezas de la fuente de Piedrahita (Ávila).

Y dejo, asimismo, constancia a modo de conclusión, de un par de comentarios, dada la imposibilidad apuntada de atribuir y datar la Cabeza de Neila. En primer lugar, insisto en la recomendación de cautela en la datación, pues nada nos permite asignar una fecha aproximada de ejecución anterior a los siglos XVI o XVII. Dudamos seriamente que su factura sea anterior a esos años por las razones que hemos venido enumerando. Creemos, por último que, si otras esculturas con más posibilidades de pertenecer al entorno céltico o romano han sido reutilizadas posteriormente, no hay razones para pensar que esta cabeza, aún siendo posterior, como afirmamos, haya sufrido unos vaivenes similares.

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(1) Isabel Fernández Morales, periodista en Madrid y vinculada familiarmente a Neila de San Miguel.
(2) Jesús C. Rodriguez Arroyo. Figuras y rostros pétreos de Sierra de Gata. Alcántara 2007.
(3) José María Blázquez: "Cabezas célticas inéditas del Castro de Yecla, Salamanca" Publicado previamente en: VII Congreso Arqueológico Nacional. Barcelona 1961, Zaragoza 1962, 217-226. Ver también del mismo autor: "Cabezas cortadas" Historia 16 nº 26, 1978, págs. 33-39.
(4) Guadalupe López Monteagudo, Doctora de Arqueología y Prehistoria CSIC. Madrid. Avance sobre el culto a Marte indígena en la Península Ibérica
(5) José María Blázquez. Religiones prerromanas y Primitivas Religiones Ibéricas. II. Madrid 1983. página 282
(6) Diodoro: V, 29; Estrabón: IV, 4-5.





 

Terrae Antiquae

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