Prensa de tradición romana en Neila de San Miguel (Ávila)
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© José María Pita
Cincelada en la roca, ha sido utilizada hasta mediados del siglo XX para prensar la uva
En un precioso prado, muy soleado, inclinado sobre una leve elevación desde la que se contempla el pueblo, quedan algunas cepas de vid que hace años dejaron de podarse y cuidarse. A media altura, un afloramiento granítico ha servido de cimiento para la casilla de labranza que, durante generaciones, utilizó la familia de Rafa "el Herrero", el último en ejercer el oficio en Neila.
Y a un costado de la casilla, una prensa, labrada en la misma roca, con la que Rafa recuerda a su abuelo prensando la uva.
Una roca erguida en la cabecera conserva los ganchos metálicos que soportaban el mástil y el contrapeso que estrujaban la uva para obtener el mosto.
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Cuando recibí las primeras fotos del invento, pensé que se trataba de una prensa olearia reconvertida para prensar uva, si bien esta posibilidad presentaba el inconveniente de que en la zona no se cultivó nunca el olivo, como acertadamente apuntaba mi corresponsal (1). Rafa, por su parte, me confirmó que la prensa nunca se utilizó para aceite.
Parecía un inconveniente menor, pues históricamente el comercio y la trashumancia movían, no solo el ganado, sino también productos alóctonos como el silex, entre otros, —que aquí llegaba desde los Montes de Toledo—, incluso joyas de procedencia oriental y, ¿por qué no las aceitunas, si eran abundantes a una jornada por el cordel de Béjar?
Puede parecer una conjetura, pero pido al lector que repare en la imagen de la izquierda: en el centro, el resalte circular de unos 5 cm de altura, es idéntico al que servía en las prensas olearias para soportar el capacho contenedor de las aceitunas sobre el que actuaba la potencia del brazo con contrapeso. La duda, en cualquier caso, es razonable, por lo que vale la pena profundizar en el asunto y tratar de aclarar el posible origen y la funcionalidad del artilugio.
Veamos, pues, qué son y cómo funcionan, las prensas de palanca prerromanas, contando para ello con la inestimable ayuda de nuestro buen amigo Juan Gil Montes (2), gran conocedor de las extremeñas y lusitanas. Bajo estas líneas incluyo una ilustración suya: el esquema de la prensa olearia de Mayarguillo de Vargas (Cáceres), en la que se aprecian perfectamente todos los detalles de las llamadas prensas de palanca ("prelum"). Nuestra prensa de Neila funciona por el mismo sistema de palanca que activa la ilustrada por Juan Gil, extremo que nos ha sido confirmado por Rafa, aunque las diferencias de construcción sean notables. La palanca que prensaba el vino en Neila era también de madera y llevaba en su extremo posterior un contrapeso que funcionaba, siempre según Rafa, "como el cigüeñal de los pozos". Una segunda ilustración, más abajo, amplia estos breves apuntes.
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Los sistemas de rodillo y de palanca son los más antiguos de los que tenemos noticia. Al rodillo pesado, movido por el hombre sobre la suferficie de una pileta o lagareta, no vamos a dedicarle más atención, por el momento, pues nos ocuparemos de él cuando presentemos las lagaretas que conocemos. Sobre los sistemas más evolucionados, —como la prensa de tornillo o la de muela—, volveremos en otra ocasión. Ahora nos centraremos en el sistema de palanca, que es el que nos ocupa.
Queda patente en la ilustración precedente, la aplicación del principio de la palanca que descarga su potencia sobre el fruto depositado en la base de piedra. El fruto se coloca dentro de serones o capachos. El líquido liberado corre por la acanaladura de la base y lo recoge una vasija situada debajo (en la ilustración superior, el ánfora H).
Aunque pueda parecer mentira, este sistema ha seguido utilizándose para pequeñas producciones locales de aceite, en muchos lugares y países, donde sobrevive frente a un entorno industrializado que inunda los mercados internacionales.
La imagen de la derecha es una recreación de una ilustración griega sobre cerámica, del siglo VI a. de C. Representa a un obrero subido a la palanca —previamente cargada con el contrapeso—, para reforzar la presión sobre los capachos. El líquido es recogido en la pileta inferior. El soporte de la palanca, en este caso, era la pared del edificio, función que en la prensa de Neila ejerce la piedra erguida en su cabecera.

Hay alguna diferencia entre prensar aceite y prensar uva, pero también paralelismos. Para prensar los capachos con las aceitunas, antes de obtener el primer líquido, estas son previamente machacadas o molidas (molturación). A decir de los expertos, el primer prensado es el que libera el producto de mejor calidad.
Después siguen nuevos prensados, hasta hacerlo sobre los residuos sólidos (el orujo, como también llamamos a los residuos sólidos de la uva). De ésta última, sin embargo, el primer prensado no era tal, pues se ha hecho con los pies desde tiempo inmemorial, en una operación, casi ritual, que conocemos como "pisado" de la uva, de la que se obtenía el mosto.
Ello no impide que en producciones a pequeña escala, familiares en la mayoría de los casos, la uva pase directamente a la prensa sin el pisado previo.
Estas cuestiones previas, de procedimiento, tampoco impiden que una prensa de palanca pueda ser utilizada indistintamente con aceitunas o con uvas, pues en ambos casos el resultado es el líquido deseado.
Nos ha llamado la atención en la prensa de Neila su magnífico estado, pues conserva toda la talla como si se tratara de un trabajo muy reciente, aunque nos consta que no lo es. Pero no estamos en condiciones de datarla, si bien, al no conocerse otras prensas similares en la zona, sospechamos que esta singularidad es una iniciativa personal atribuible a algún antecesor del actual propietario, algunas generaciones atrás. Confirma nuestras sospechas el ya citado Juan Gil, que coincide en que todo apunta a un trabajo de tradición tardorromana, pero relizado en el siglo XIX, dejando constancia de que en zonas muy cercanas de Portugal se han estado utilizando también prensas olearias hasta el siglo pasado, como esta de Neila.
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(1)Isabel Fernández Morales, periodista, a quien esta web debe otras valiosas aportaciones.
(2) Juan Gil Montes, de sobra conocido por nuestros lectores, y cuyos trabajos pueden consultarse en el blog de jugimo. Hay otro enlace en la columna derecha de esta página.