El rastro templario en el territorio abulense (*)
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| La Encomienda de Villanueva del Campillo y otras propiedades y asentamientos de la Orden en el ámbito castellano-leonés |
© Dámaso Barranco Moreno (Ávila, 26 de septiembre de 2011)
1.- El Temple en Castilla y León. Implantación temporal
Al día de hoy, y con la documentación de que disponemos, intentar fechar con exactitud la acotación en que tuvo lugar el asentamiento templario en el territorio castellano-leones, resulta totalmente imposible; es por lo que, solamente, podemos datarla de una manera aproximativa. Algunos historiadores, y para el caso concreto de Castilla, sitúan su implantación en el año 1119 (1), el mismo en que fuera nombrado papa Calixto II, cruzadista y hermano de D. Raimundo de Borgoña (2) encargado directo de la repoblación del obispado abulense; pero para otros, esta fecha resulta un tanto aventurada, pues mantienen que está basada en el testamento del rey aragonés Alfonso I el Batallador quien, a su fallecimiento, dispuso que se repartiesen todos los territorios de su reino entre las tres órdenes de caballeros de Jerusalén por entonces existentes: Templarios, Hospitalarios y Sepulcristas; pero matizan que el testamento más antiguo de este monarca data de 1131, y la confirmación del mismo de cuatro años después, año 1134.

El historiador Sans I Travé, en su trabajo sobre el establecimiento del Temple en Cataluña, afirma que su introducción en la península ibérica, como sucediera en el resto la Europa Occidental, fue consecuencia de la propaganda llevada a cabo por los propios caballeros templarios, quienes, durante los años 1126 y 1127, y por el reconocimiento que de ellos hizo la Iglesia en el concilio de Troyes (1128) (3), comenzaron a recibir donaciones por territorio francés y portugués.
Son varios los autores que piensan, como parece lógico, que la fecha de las confirmaciones de entrega de territorios cedidos a la Orden, no significa, necesariamente, fuese el primer contacto del beneficiario con ellos. Es por esto, que podemos afirman que la Orden del Temple en Castilla debió de establecerse en fecha próxima al año 1130, pues será en 1150 cuando el rey castellano Alfonso VII les conceda, a perpetuidad, la fortaleza de Calatrava en la frontera sur del territorio; (4) con lo que, el diploma de esta concesión, es el documento más antiguo, por nosotros conocido, que confirma la presencia del Temple en tierras castellanas. El traspaso de esta fortaleza a los templarios fue realizado por el judío Yehudá Ibn "Era al que el rey había encomendado que desde ella aprovisionase a las tropas del ejército que luchaba contra el infiel", y al cual sustituirían en dicha misión y consolidación como plaza fuerte. (5) La fortaleza, no pudo ser mantenida durante mucho tiempo, por lo que, ocho años después de su concesión, incapaces de mantener su defensa, la entregaron al rey Sancho III, quien, a su vez, se la cedió a los cistercienses de Fitero fundadores, en ella, de la Orden Militar de Calatrava. No obstante a esta adversa circunstancia, la presencia templaria en Castilla se fue consolidando durante el reinado de este monarca como consecuencia de su participación en la conquista del espacio conocido como Transierra; y, tras la anarquía nobiliaria habida a la muerte de Alfonso VII -El Emperador- y la separación de los reinos, siguiera expandiéndose por el reino leonés y se estancase en Castilla,(6) tal vez debido a la dificultad que supuso para la Orden mantener el equilibrio entre los distintos poderes castellanos concurrentes en el momento: regios, señoriales y episcopales.(7) Y ello fue así, porque mientras las ordenes militares ejercieron gran protagonismo en frenar a las fuerzas almohades en la frontera sur del reino leonés, en el castellano serían, principalmente, las milicias concejiles y el pacto mantenido con el denominado rey Lobo de Murcia, por Alfonso VII, lo que impiédiría su mayor penetración en este último que en el leonés. (8)
No obstante lo antes manifestado, hemos de tener en cuenta que la separación de los dos reinos cristanos no supuso la disgregación administrativa de la Orden, pues los dos reinos se mantuvierón como provincia unificada; si bien, con una actividad muy intensa en el de León -sobre todo con Fernando II- y mucho más paciente y discreta en Castilla, circunstancia que, a posteriori, ha impedido la localización y constatación histórica de muchas de las posesiones y asentamientos castellanos por ellos establecidos.
2. - Importancia de la Orden en el territorio castellano-leonés
Es bien sabido que los templarios participaron, junto a tropas y milicias castellanas, en muchas de las incursiones y conquistas realizadas contra el islam, al igual que lo hicieran con las milicias de Aragón, por lo que fueron partícipes de los repartos de botín que en ellas se consiguieron. Está fielmente contrastado que estuvieron presentes tanto en la batalla de Alarcos como en la de Las Navas de Tolosa, en la que murió el maestre Lopo de Serena, y que participaron, además, muy activamente, en las campañas andaluzas y extremeñas.

La importancia de su asentamiento en el reino castellano-leonés nos viene dada por el número de los conventos que poseyeron en el territorio; así, mientras que los caballeros calatravos y alcantarinos fueron propietarios de un solo convento, los templarios llegaron a poseer hasta doce, de los que cinco aparecen relacionados en bula de Alejandro III, y que eran los siguientes: Montalbán, San Juan de Valladolid, San Benito de Torija, San Salvador de Toro y San Juan de Otero; además, según se desprende de los edictos dados por los arzobispos de Toledo, Lisboa y el obispo palentino, la Orden disponía en Castilla de más de venticuatro bailías (9), cuyos representantes son citados para comparecencia al juicio que, contra ellos, se realizaría en Medina del Campo, siendo el 27 de abril de 1310 cuando deberían acudir a dicha localidad para ser sometidos a encuesta y poder responder a las acusaciones que sobre ellos se vertían.

Javier Castán Lanaspa, excelente conocedor del tema, es de quien tomamos la lista de las bailías castellanas convocadas a Medina del Campo para responder a la citada encuesta, y en la que relaciona las siguientes: Faro, Amotiro, Goya, San Fiz, Canabal y Neira, Villapalmas, Mayorga, Santa María de Villasirga, Villarding Safines (Ceinos), Salamanca, Alconeytar, Eixares, Ciudad Rodrigo, Ventoso, Tábara, Benavente, Junco, Montalbán con sus casas dependientes de Cebolla y Villalba, y los habitantes de las casas de Córdoba y Sevilla. El mismo autor matiza, de inmediato, que a pesar de la aparente extensión de la lista, el número de bailías castellanas está manifiestamente incompleta, pues afirma: “que los obispos procedieron a convocar, solamente, a los maestres de sus diócesis, y que faltan, por tanto, bailías importantes y no reseñadas de Valladolid, Soria, Segovia y Ávila”.
No obstante lo reseñado, es bien conocido que las órdenes militares creadas para acoger y defender a los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa, aunque tuvieron buena acogida en los reinos peninsulares, ésta fue menos relevante en León y Castilla que en los demás reinos; y que su importancia fue también menor que la de las órdenes nacionales, ya que estas fueron más combativas y favorecidas por las realezas respectivas. Recordemos las decisivas campañas llevadas a cabo por estas últimas en el reinado de Fernando III sobre la Mancha y Extramadura.
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Aportación Lanaspa: Ponferrada, Cornatel, Rabanal del Camino, Nava de los Caballeros, Almanza, Valdanaz de los Oteros, Alcuetas, Matanza, Izagra, Valdemorilla, Framasos, Mayorga de Campos, San Martín del Rio, Castroponce, Villagrado, Becilla, Villacid de Campos, Herrín de Campos, Galón de Campos, Ceinos de Campos, Pajares de Campos, Zalangas, Villafrechós, Moral de la Reina, Villanueva de los Alcores, San Pedro de Lutarco, San Pedro de Lasarce, Villardefrades, Griegos, Castromembibre, Villarbarba, Cubillas, Muriel de Zapardiel, Santibañez de Tera, Benavente, Tabara, Villalpando, Pajares de Lampreana, Toro, San Muñoz del Valle, Ciudad Rodrigo, Duruelo, Aldea del Rey Niño, Torrecaballeros, Milana, Agreda, San Pedro Manrique, Ucero, Villafrandevinos, Siones, Matalvaniega, Camón de los Condes, Villarcázar de Sirga, Támara, Astudillo, Cavico de la Torre, Villamuriel de Cerrato, Ampudia, San Nicolás del Real Camino, Terradillos de Templarios, Alcañices.
Enrique Rodríguez-Picavea: Alba (Carbajales) Zamora, Medina del Campo, Salamanca, Villalpando y Zamora (encomiendas). "Los Monjes Guerreros en los reinos Hispánicos. Madrid 2008".
Antoinie: San Pedro de Montes, Villavueva de Valduesa, Borrenes, Otero, Valcarce, Espinoso de Campudo. Altares, Bembibre, Pieros, Balboa, Villafranca del Bierzo y Visnadiela.
Barranco: Villanueva del Campillo, Moraleja de Santa Cruz (Arévalo) y Arévalo.
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3. - El temple en el territorio abulense
El autor antes citado, en su obra Arquitectura Templaria Castellano-Leonesa, y ciñéndonos al caso de Ávila, solamente ha podido documentar dos lugares en los que los caballeros templarios tuvieron alguna posesión, y que son: Aldea del Rey Niño y Duruelo; pues Muriel de Zapardiel, por él citado, si bien fue arevalense y perteneciente al sexmo de Sinlabajos, hoy se enclava en la provincia de Valladolid. (10)
Por nuestra parte, queremos destacar aquí otros dos asentamientos templarios, y abulense, documentados por Juan José de Montalvo y no recogidos por Lanaspa: el uno, un convento templario habido en lo que posteriormente fuera la ermita de Nuestra Señora de la Capilla de Arévalo, y el otro, en el hoy despoblado de Moraleja de Santa Cruz, y sito en otro sexmo arevalense; el de La Vega. “... un poco más arriba de la orilla de la Calzada General de Madrid, en un antiguo convento de Templarios (después de San Juan) se venera un santo Cristo”. (11)

Mas a nadie resultará extraña tan exigua relación para el caso abulense, pues es bien sabido con el secretismo con el que, en el pasado, se trató todo lo referente a la Orden y a sus caballeros, así como con la eficacia actuada para hacer desaparecer todo vestigio con ellos relacionado. Es del todo evidente que dicho autor, de haber dispuesto de la documentación hallada por nosotros en el Archivo Parroquial de Villanueva del Campillo, habría tenido que incorporar, en su aportación, la bailía que en los documentos del citado archivo se acredita; como posteriormente veremos.
Otro historiador que también ha tratado el tema templario con amplitud ha sido Rafael Alarcón, el cual, en un estudio realizado hace algunos años, documenta un asentamiento de la Orden del Temple en un lugar muy próximo a la provincia abulense, y en el paraje conocido como El Piélago, sito entre el pueblo abulense de Fresnedillas y el toledano de El Real de San Vicente. Alarcón, en dicho trabajo, manifiesta que hubo un castillo templario en el lugar hoy ocupado por las ruinas del que fuera convento tras la desaparición del Temple, datando la presencia de éste, en las proximidades del año 1220. Ángel Barrios, sin referirse a la Orden Templaria, escribe que entre los años 1195 y 1197, “se había montado un número de fortificaciones, como Vayuela, en la Sierra de San Vicente”. (12)
En cuanto a la divulgada noticia de que en la Sierra de Serranillos, concretamente en la ermita de San Pedro (término de Navarrevisca) existió un asentamiento templario, no hemos podido encontrar ninguna documentación fiable que nos permita avalarlo.
Otro posible asentamiento dentro del territorio abulense, pero también adentrándonos en el ámbito de la conjetura, sería el de “El Oco”, cuyo topónimo parece tener origen celta y un ámplio simbolismo en el mundo templario: los hijos del dios celta Llyr se convirtieron en ocas; y para el templario, la oca y sus representaciones mágicas, arrivaron a la transformación del sustantivo “jars” (oca) en “yacques”, derevando en “el camino iniciático de las ocas salvajes” que pasaría a transformarse en lo que hoy conocemos como Camino de Santiago.
4.- Instauración de la Orden en Villanueva del Campillo y circunstancias político-estratégfícas más cercanas
En cuanto al asentamiento templario en Villanueva del Campillo, pensamos que, como muy tarde, debió de realizarse en el periodo en que, por parte leonesa se reconquista la Transierra, y durante el que se producen enconados enfrentamientos internos entre castellano-leones liderados por las familias de los Lara y los Castro, y en paralelo una agresión almohade, por el extremo occidental de la sierra abulense de Villanueva, en el que el infiel llega (año1169), por la parte leonesa, hasta la propia Ciudad Rodrigo, y, en simultáneo, acosan con contundencia a las milicias concejiles abulenses, acercándose hasta las proximidades de Ávila (recordemos que es en el año 1173 cuando muere el destacado caballero abulense Sancho Ximeno).

La posesión de un castillo en Villanueva del Campillo, situada en el vértice de la frontera creada entre los territorios castellano, leonés y almohade, debió de significar, en esos momentos, y con anterioridad, lo que fuera el castillo árabe de “Almirón” (El Mirón) para el infiel, pues dominaba gran parte de las tierras altas de Alba de Tormes y del valle del Corneja, siendo un buen punto de contención al avance cristiano hacia el valle del Corneja y, por ende, al salto sobre el Sistema Central.
Mientras el castillo de El Mirón es un enclave perfecto para la observación de los movimientos enemigos, el de Villanueva, en posición más resguardada y protegida, se nos ofrece como ideal para la emboscada y el repligue en caso de que el acoso enemigo fuese contundente y obligase a acastillarse en retaguardia. De seguro, ambos castillos, serían piezas claves en la reconquista de las villas del Corneja tales como Bonilla, El Barco o Piedrahíta, y en los conflictos castellano-leoneses posteriores. De los enfrentamientos entre los poseedores del Castillo de Villanueva y los del Carpio (Dehesa del Castillo) y de “El Mirón”, perduran topónimos menores tan expresivos como "Las Reyertas” y “Arroyo de los Mártires”, parajes casi equidistantes entre ellos; el uno en término de Bonilla (Rebollar de Casas del Puerto), y el otro, en la dehesa de Serranos de Zapardiel de la Cañada, muy próximo la fortaleza levantada en el siglo XV por la familia Barrientos en Serranos de la Torre, de la que aún en la actualidad quedan elementos visitables.
Es bien conocido que la zona de frontera entre el afoz de Ávila, el de Bejar, y el de Alba, existió una línea fortificada de atalayas y Castillos, tales cual los de Monterreal, Alpalio, Berrueco Pardo, Almirón, Peñaflor, Puente del Congosto, el Carpio y Salmoral entre otros; y de los que nos es conocida su existencia tanto por el deslinde del alfoz bejerano con el abulense, como por la solicitud que realizara Enrique I de León a doña Berenguela para que le fuesen devueltos dichos castillos; pues habían sido entregados a Alonso VIII de Castilla por Alfonso IX de León. Dicha solicitud fue denegada por entenden que eran elementos esenciales en la defensa del territorio de Valdecorneja.(13) Algunas de estas fortificaciones procedían del periodo de separación de los reinos (año1157) habida tras la muerte de Alfonso VII. (14)
Por nuestra parte, pensamos, no sin indicios documentales, que, por este tiempo, también debieron de tener algún tipo de fortificación las localidades de: Piedrahíta, (refugio de doña Berenguela) el Barco y La Horcajada (próximo a este última. existe una pequeña población, denominada El Castillo, que aparecerá más tarde como enclavado en el cuarto de Hoyorredondo). Estas fortificaciones, como la mayoría de las que posteriormente se cronstruyeron, debieron ser destruidas por el año 1272, cuando le fue confiscado Valdecorneja al infante don Don Felipe; pues, años más tarde, cuando este territorio fue entregado a Don Alfonso de la Cerda (1331) se condicionó la entrega del mismo a la prohibición de lenvantar cualquier clase de castillo o fortaleza. En ese momento, las citadas tres localidades, aparecen como villas eximidas de jurisdición. (15)
Cuando hablamos de fortificaciones realizadas en zonas de tránsito de ganados, no hemos de olvidar que desde el primer cuarto del siglo XII se inicia la inmigración ganadera en la Trassierra, y que a lo largo de de las rutas trashumantes se construyeron castillos o casas fuertes, cuyas guarniciones, en un principio, pretendían asegurar, aunque fuera de forma relativa, que los rebaños acompañasen a los ejércitos para el aprovisionamiento en sus incursiones hacia los territorios infieles del sur; y con posterioridad, para permitir el pastoreo y el tránsito le las cabañas desde los agostaderos a los invernaderos y viceversa; no olvidemos que por este territorio de frontera transcurre la Cañada Soriana Occidental y que otra de sus funciones era la de consolidar dominios señoriales.
5.- Acreditación documental del asentamiento en Villanueva
Creemos que nuestro trabajo sobre Villanueva del Campillo, relizado ya hace algunos años, (16) acredita y documenta con mucha fiabilidad la presencia templaria en dicha localidad, mas, tal vez por la dificultad para precisar el momento del asentamiento, por entonces lo situamos en un periodo un tanto más tardío al ahora aquí referenciado. Mas para recordar la acreditación entonces efectuada, vamos a dar algunas reseñas de las allí expuestas y documentadas: en primer lugar, contamos con varios escritos efectuados por los párrocos de Villa que pudimos consultar en su Archivo Parroquial y en los que se nos habla de la presencia de dichos caballeros templarios (esta documentación, en la actualidad, se halla custodiada por el Archivo Diocesano Provincial); en segundo lugar diremos que, una vez estudiado el tema a través de los trabajos de varios autores conocedores del mismo, hemos podido observar la existencia de no pocas analogías en la toponimia y abvocaciones religiosas habidas en Villanueva del Campillo y su entorno más próximo, y las de otros territorios en que se asentaron los templarios.
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En cuanto a los documentos con los que contamos, son los siguientes: escrito del párroco Diego Pérez en el que se nos narra la inauguración de las cuatro campanas sobre la torre antigua (que él define como templaria y más antigua que el propio lugar) acto realizado por el obispo de Calpe don Flores el 17 de junio de 1542, y que lo realiza en sustitución del titular, don Rodrigo de Mercado. Dice el mencionado sacerdote, que una vez termina la nave principal de la nueva iglesia (15 de julio de1553) se tasaron las obras y se decidió aplazar la construcción del coro y de la nueva torre por falta de fondos, quedando como campanario la antigua torre templaria que quedó adosada a la nueva Iglesia; en 1631, en otro escrito, se recoje la exhortación a realizar la nueva torre, en cumplimiento de las mandas que los obispos recomendaban, y recogidas en el libro de visitas -lo uno, se dice, por el deseo del pueblo de hacer una torre en consonancia con el nuevo templo, y lo otro por su fealdad: “ya que, la antigua torre templaria era más baja que la propia iglesia”...
Llegado el año de 1637, momento en el que se nos dice que la villa disponía de sobrados ingresos, se procede a levantar la nueva torre sobre la estructura de la ya existente, dándose todo tipo de detalle (arquitecto, importe, etc...). También se cuenta que el pueblo, deseoso de disponer de una torre que fuese visibles desde todos los contornos, no tuvo encuenta las obervaciones realizadas por el arquitecto de que la base de la antigua torre no soportaría el peso de levantar sobre ella la altura deseada y menos aún la fábrica en sillería con la que, al igual que la nueva contrucción, se deseaba cerrar en bóveda. El omitir tales consideraciones fue la causa que a poco de ser construida se derrumbase; “ pues lo que parecía solidez, sólo era, en su interior, cascote y barro”. En el libro sobre la antigüedad de la iglesia, también se nos dice: “ser muy antigua, por haber sido, fortaleza de los caballeros templarios ..... como por los signos que aún hay de su encomienda, que son en forma de tau, se pueden ver”.

Toda esta información nos parece más que suficientes para poder afirmar que los templarios dispusieron de un enclave de cierta importancia en Villanueva del Campillo, y que afirmarlo no es mera conjetura. Por otra parte, será suficiente observar la construcción de la fábrica de la iglesia actual, para percatarse de que los asertos efectuados por los documentos parroquiales ofrecen plena fiabilidad. Bastará fijarnos en la estructura de la torre actual y de su anclaje con el resto de la edificación, para poder afirmar la verisimilitud de las afirmaciones vertidas por los documentos parroquiales, al menos, en cuanto a la torre se referiere; por lo que no encontramos motivación para dudar de lo demás. El profesor Rodríguez Almeida, con el que hemos podido examinar cada uno de los detalles de la edificación, así lo corroboran.
Nos ha llamado poderosamente la atención la información realizada por D. Felipe-Jesús Martín García en su Guía de Ávila editada por la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana de la Provincia en 1969, en la que, al hablar de los “Recursos y aspectos de interés turístico” provinciales, y al referirse a Villanueva del Campillo dice: “Iglesia del siglo XIV, con torre que perteneció al castillo de los templarios”, y, en el apartado de localidades con castillo incluye, de nuevo, a Villanueva. Es evidente que su información no fue contrastada in situ, pues de haberlo realizado habría visto que ninguna de sus dos afirmaciones se ajustaban a la realidad del momento, lo que nos lleva a afirmar que se limitó a copiar lo transcrito de algún texto muy anterior a lo por él reseñado, pero que difícilmente pudiera haber ofrecido tal información si no tuviese algún viso de realidad. El propio autor reconoce, en el prólogo de la obra, que los datos reflejados “han sido tomados de publicaciones anteriores”. Cosa similar le ocurre con el verraco de Bonilla, al que cita como existente, cuando, es bien conocido que, por esas fechas, ya había desaparecido, aunque es citado por historiadores como Padre Ariz y Gómez Moreno, y que debió desaparecer en fecha próxima a 1835. (17)
6.- Otros indicios indirectos del asentamiento
Sobre los indicios que, además de las evidencias citadas, existen sobre la ubicación templaria en Villanueva del Campillo, tenemos los siguiente: abvocación a la que estaba encomendada una iglesia anterior a la actual y que en un escrito del párroco citado, Diego Pérez, se nos dice que compartía culto con la parroquial anterior al templo actual, y que casi como en todos los asentamientos templarios estaba dedicada a “Santa María” (Santa María de Villanueva); reiteración en dichos asentamientos de ermitas dedicadas a “La Madre de Díos” cosa que también sucede en Villanueva (actual ermita anexa al cementerio); y, por último, la existencia de el signo de la flor de lis que podemos observar en la actualidad tanto sobre el dinten de lo que fuera la antigua iglesia, como en otros próximos a ella. Es bien sabido que este símbolo era colocado en las viviendas templarias como signo iniciático. (18)

En cuanto a otros indicios, tal vez menos significativos, son varios los autores que manifiestan la predileción habida por la Orden del Temple de elegir lugares previamente habitados por celtas y con algún simbolismo mágico o religioso (no es necesario reclamar aquí esta circunstancia para Villanueva pues posee la mayor figura zoomorfa de cuantas nos hayan legado los vettones).
Por último, diremos que la hoy conocida como Calle del Doncel (vulgo Calleja el Donce), (19) y que sube hacia la antigua fortaleza, tiene visos de deberse a la memoria de algún joven y destacado templario; pero además, el propio topónimo “Villanueva” nos hace pensar en un asentamiento surgido en torno a la fortaleza, en el que se aglutinaran los al menos cinco asentamientos anteriormente existentes en el territorio más cercano y acreditados por las tumbas excavadas en roca que de ello dan patente testimonio.
Recientemente nos ha sorprendido el hallazgo, en las proximidades de Villanueva, y en el entorno del puente camino de Vadillo, de un símbolo netamente templario que viene a demostrarnos que la reiteración de indicios casi siempre tienen tras de sí evidencia de realidades. Nos estamos refiriendo a una pila excavada en roca natural de las que eran usadas por dichos caballeros como batisterio, concretamente para el bautismo de infantes, y del que nos puso sobre aviso el inquieto y agudo investigador don Mariano Serna, anunciándonos su hallazgo como: “yacimiento con claro simbolismo ritual” y que nosotros identificamos como batisterio templario.
Es bien sabido que el bautismo a los niños fue introducido en la Península en el siglo XII, probablemente por templarios, pues, con anterioridad, solamente se bautizaba a personas adultas y tras un periodo catecumenal. Este batisterio se corresponde con la descripción que de algunos de ellos realiza Rafael Alarcón, ver su obra “A la Sombra de los Templarios” en donde se dice que se realizaban fuera de los templos, a veces, aprovechando el río o fuente más cercana, y que: ”La pila bautismal adoptaba forma alargada, como un sarcófago directamente excabado en roca... pues se hacía en memoria del bautismo de Jesús en el Jordán”. Estas construcciones simbolizan un resucitar del pecado a la vida de Cristo. Recordemos que batisterio en latín significa piscina y en griego sumergir, y que las pilas bautismales octogonales, o redondas, surguieron con posterioridad. El yacimiento aquí citado consta, entre otros, de tres elementos principales: pila rectangular para la inmersión (símbolo del cuerpo y del pecado), y dos profundas cazoletas, a cabecera, simbolizando la mente y el espíritu. Recordemos que para el tempario el número tres representaba un ámplio elenco simbólico: tres eran los votos que realizaban, tres los colores de sus hábitos, tres los pasos para entrar a sus iglesias, tres los besos crísticos, y que no podían huir si les atacaban tres enemigos, ni poseer más de tres caballos cada uno, ni comer carne más de tres veces por semana.
Por otra parte, todo parece indicar que una de las cofradías que existieron en la Villa, la de San Juan Bautista, y que estaba constituida por los Juanes y por los arrieros del lugar, debió de tener ermita aneja a esta construcción iniciática.
En cuanto al momento de la creación de la “Villa Nueva del Campillo” varios autores piensan, al igual que nosotros, que debió de constituirse aglutinando los pequeños asentamientos anteriores a la fortaleza templaria. Ángel Barrios, por su parte, señala que la creación de Villanueva del Campiello se debió de llevar a cabo en el último tercio del siglo XII, haciendo referencia, también a los asentamientos anteriores ya reseñados. (20)
7.- Consolidación de la Orden en Castilla y oportunidad del asentamiento en Villanueva
En relación a la consolidación de La Orden en Castilla, se sabe que, a partir de su establecimiento, seguirá reforzando su presencia en territorio castellano hasta poco antes de ser juzgados y suspendidos. Tenemos referencia de la presencia del maestre general de la Orden Stephan Von Salza en Castilla en el año 1219, (20) lo que mueve a pensar que sus posesiones en ella habrían de ser importantes. Llegado el año 1222 será cuando se constituya la encomienda de Mota de Toro. (21)
La ubicación del asentamiento de Villanueva del Campillo, como puede deducirse por el valor estratrégico ya referido, fue cuidadosamente estudiada, puesto que se enclava en un promontorio con gran declive hacia el norte y dominando una zona muy rica en pastos; llamando poderosamente la atención que, a pesar de la situación tan prominente del castillo, en su entorno más inmediato del poniente, se sitúan tres pozos que jamás se han visto desprovistos del líquido elemento.
La bailía, para el templario, era la columna vertebral de la Orden y desde donde se regía la organización del patrimonio, habiendo de reunir las condiciones para poder desarrollarse con total autonomía. Todo parece indicar que además de la función defensiva, la de Villanueva tuvo un fin y un aprovechamiento eminentemente ganadero. Tenemos indicios, más que razonables, para pensar que desde esta bailía o encomienda se practicó una trashumancia temprana hacía otras encomiendas templarias asentadas en tierras extremeñas como las de Portezuelo o Alconetar, y, esto, viene avalado por la toponímia menor que nos muestra como desde Villanueva hubo una antigua cañada que a través de Bonilla se dirigía a encontrarse con la que, por Bejar y el de Hervás, conducía a Extremadura. (23)
Es pertinente recordar aquí, para comprender este aserto, que Alfonso VIII rompe los límites establecidos por el poniente castellano con el reino leones fijados cuando Alfonso VII el Emperador concede a sus hijos, por separado, los dos reinos, delimitando la frontera entre los ellos por la Calzada de La Plata, y dando al Concejo de Ávila las tierras del concejo de Coria, que sobrepasaban, incluso, las márgenes del río Alagón y hasta alcanzar las del río Gata, sin importarle el incumpliendo el Tratado de Medina. Esta donación solamente es explicable por la degradación de la zona debida a la ofensiva almohade y al impulso expansivo del alfoz abulense (diploma expedido en Burgos el 21 de abril de 1181). (24)
Los límites para el alfoz abulense, después de su ampliación, quedan patentes, además de en el diploma citado, en el documento del Fuero de Coria (25) donde se dice, al hablar de las alzadas de los pleitos: que “Coria ...es en el regno de Castilla, de Tholedo fata Burgos”, y en el de Cáceres se confirma diciendo que, en las alzadas de los pleitos, vayan; “ en el regno de Castiella fasta Medina e Ávila e a Toledo; et en regno de León fasta Duero et non plus”. Los límites aquí señalados perdurarán hasta la creación del alfoz de Plasencia pocos años después.
Conocido lo antedicho, nada extraño sería la existencia de una trashumancia ganadera entre el asentamiento templario de Villanueva del Campillo y los también templarios de: Alconetar templario desde tiempos del Emprador hasta 1258. (25) Portezuelo (templario desde 1166 hasta 1213 en que Alfonso IX lo entregó a la Orden de Alcántara, desatando las iras del Temple que no cesarían hasta su desaparición en 1310), el de Cabeza del Esparragal (1167), el de Coria (1168), y el Santibañez el Alto (1167), coetáneos del campillense y pertenecientes todos ellos al alfoz y al obispado abulense; disponiendo, todos ellos, de una importante cabaña ganadera, sobre todo ovina y caballar.
Por la documentación disponible sabemos que los desencuentros entre los pastores del concejo de Cáceres y los del Temple, eran harto frecuente, y que los pastores de estos últimos iban armados como si fuesen soldados; por lo que las peleas entre los Caballeros de la Rafala (ganaderos-terratenientes del Concejo de Cáceres) y los Freyres eran enconadas. Llegado año 1253 (25 de febrero) se redactó un documento de avenencia, nombrando un tribunal de amigables y componedores, que, en adelante, dirimirían sus contiendas. (26) Antonio C. Floriano en su Historia de Cáceres nos dice que gran parte de esta problemática era debida al abuso que los templarios hacían en el cobro de pontazgos al forzado paso de los ganados mesteños por Alconetar, y recuerda que, una de las familias más destacada de la nobleza ganadera del concejo cacereño - los Blázquez (descendientes de Blasco Ximeno) por su vinculación con Ávila, hacián trahumar sus cabañas ganaderas desde el concejo cacereño a los serranos pastos abulenses. (27) Ulloa y Golfín en “Fueros y privilegios de Cáceres”, escribe;” Los ganados de las Órdenes y los de las cabañas leonesa y segoviana, habían aprendido el camino de los invernaderos cacerenses y constantemente invadían los pastos, codiciando sobre todo las riberas de Almonte y Salor”.
El apoyo dado por los Blázquez de Cáceres al principe don Sancho (después Sancho IV) y en compañía del maestre alcantarino Fernán Pérez de Sotomayor en la rebelión protagonizada por el principe contra su padre, y en la que no participaron los templarios sería motivo de desencuentro entre ellos, por lo que, como más adelante veremos, terminaría teniendo consecuencias para la Orden.
Por otra parte, la encomienda de Alconetar tenía un ámplisimo territorio que llegaba hasta las cercanías de Plasencia. Es a las incusiones templarias realizadas en el territorio del infiel, y al desarrollo de su cabaña ovejuna, a los que se debió la introducción de la raza merina en tierras cacereñas y con posterioridad en las castellano-leonesas. (29)

Otra faceta importante de la bailía, si nos atenemos a lo sucedido en Portugal, era la de ejercer de oficina de posta y de banca. “ En cada encomendaduría o tesoureiro está rodeado de contabilistas e de caeixeiros, cuja principal ocupacao consiste em assegurar as operacoes de cambio, cum efeito, a existencia de dezenas de monedas, cada una cum seo valor, o seo peso e seo cambio, assin como o bimetalismo, exigem que cada caiseiro seja tambien cambista, tanto mais que a monda de conta distinguase de moneda metálica”. (30) Esta función bancaria fue una de las que les proporcionó las ingentes riquezas que poseyeron, fueron prestamistas de, entre otros muchos, la reina Blanca de Castilla, el Conde de Anjou y de don Juan de Navarra. Por otra parte el papa Alejandro III en 1162 escribió:” Nos, permitimos que os guardéis todos los valores que toméis a los sarracenos”. (31) Es decir, se quedaban con cuanto tomaban en sus exitosas incursiones.
Las edificaciones de la encomienda campillense parece claro se asentaron en la parte norte del castillo (iglesia actual) y en el enclave hoy conocido como “La Casona”, lugar en el que aparecen los signos antes citados sobre las puertas de los establos allí existentes, y donde se cumplen las condiciones propias de los asentamientos típicos de la bailía (iglesia orientada al sur y con edificios formando rectángulo en torno al patio central). (32)
Está documentado que el primer asentamiento de la localidad estuvo en sus alrededores (La cuesta). (33) En cuanto a la justificación de fecha y lugar y oportinidad en que se produjo el asentamiento, no hemos de olvidar que estamos hablando de unos años en los que, como ya hemos anticipado, la Sierra de Villanueva se encontraba en un espacio configurado en frontera, no muy bien delimitada, entre el reino castellano y leones y la de la morería; y que, durante los años 1190-1215, esta zona fronteriza (Serrezuela y Almar) es un puro hervidero, pues además de los ataques almohades, es momento en que los salmantinos declaran la guerra al rey que es apoyado por los abulenses, quienes vencen a aquellos y a los del concejo de Alba. (34)
En cuanto a la justificación del asentaminto sabemos que bastaría una concesión real para que se realizase, tenemos noticias, por ejemplo, que en el año 1272, Fernando III dona el Campo de Arañuelo con Oropesa, a Santa María de España, orden militar que él mismo creó. (35)
8.- Villanueva y su integración en el Señorío de Bonilla
Años más tarde, en territorio próximo a la “Villa Nueva”, y ya asentada en el valle del Corneja, el obispo de Ávila D. Domingo Blasco (1212 -1227) recibirá Bonilla por donación real. (36)Esta localidad se convertirá, muy pronto, en cabeza de señorío episcopal, al que con posterioridad se unirá Villanueva, pero siempre con jurisdición propia, y sin participar en la Comunidad de Villa y Tierra que en torno suyo se conforma, aún estando en continuidad territorial con ella. El hecho de que Villanueva se incorporase al señorío episcopal no, necesariamente, implica el abandono del territorio por parte del Temple, pues tenemos constancia de que en otros lugares abulenses se produjo una yuxtaposición de dominios señoriales, sirvan como ejemplo lo sucedido en Valbellido como consecuencia del aprovechamiento de pastos donde, en el año 1311, hubo de intervenir el Rey entre la Orden de Calatrava y los caballeros abulenses a través del concejo aldeano, (37) o en el Bohodón, donde la encomienda de Santa María de Toro, perteneciente a la Orden del Santo Sepulcro, mantuvo un señorío hasta 1425. (38) Desconocemos el tiempo que permanecieron los caballeros templarios en Villanueva, pero sabemos que llegado el año 1250 Villanueva aparece como incorporada al señorío episcopal con cabecera en Bonilla, pero con jurisdición propia. (39) ¿Siguieron en Villanueva los templarios por algún tiempo más? imposible responder a esta pregunta, pero lo que sí sabemos es que en el año 1256, y siendo 30 de octubre, el rey Alfonso X otorga fuero a la ciudad de Ávila concediendo franquicias a los caballeros abulenses entre los que se encuentran el obispo D. Benito y el prior de la Orden del Temple D. Martín Nuñez, y que posteriormente en Sevilla, en abril de 1264, se conceden privilegios de diezmos y tercias al citado prior del Temple y al, por entonces, obispo abulense fray Diego; por último, en mayo de 1273, y en Aviñón, se confirman dichos privilegios, siendo prior templario, a la sazón, García Fernández. (40) La concesión de estos privilegios tenía como fundamento principal consolidar al estamento de caballeros guerreros en el espacio villano, o aldeano, una vez que la frontera se había alejado considerablemente de estos asentamientos.
9.- El abandono del territorio
Desconocemos como se realizó el proceso de abandono del territorio abulense por parte de los templarios, pero sabemos que ya el rey Sancho IV en un intento de restaurar el poder real debilitado por las concesiones realizadas mientras se necesitó el apoyo de los nobles, los eclesiásticos y las ciudades, convocó Cortes en 1285 (para Murcia y Sevilla) y en 1286 (para Castilla, León y Extremadura) en las que se comprometió a recuperar, por todos los medios, los bienes a las órdenes militares y a los nobles. (41) . Recordemos aquí, como ya dijimos, que los templarios no estuvieron en apoyo de D. Sancho, y sí los alcantarinos y sanjuanistas unidos a la familia de los Blázquez carereños cuando, en el periodo de su sublevación -siendo principe- acudió a Cáceres en un intento de pasar a Portugal para pedir apoyo a su causa. Intento que resultó frustrado por la toma de postura de su hermano Pedro a favor del padre, lo que le obligó a partir desde Alcántara hacia Lerma. No obstante a su cierta animadversión hacia el Temple, hasta el juicio habido contra ellos en Medina del Campo, no se pudo procecer, con cierta contundencia, contra ellos. Pensamos fue en ese momento cuando se realizó el traspaso de los bienes templarios de Villanueva del Campillo a los freyres calatravos.
Lo resuelto en Medina se halla contenido en un total de ocho cartas fechadas en agosto de 1308, (42) y de las que se deduce que dichos caballeros, al menos en el territorio castellano, no contaban con el rechazo que algunos autores les aribuyen: “ ... e como quisiera que vistos e examinados los procesos con grandísima diligencia e solicitud, no hallaban ser culpados en cosa alguna los dichos freyres ni su orden aca en estos reynos de Castilla e León, sino muy buenos religiosos... . los podían absolver por tales; pero que por reverencia al papa e por mayor honra e provecho de los dichos freyres tenían por bien reservar la dicha sentencia para que el papa la diese”. (43)
Así el rey Fernando no actuó con la contundencia que le fue requerida, pues según lo por él manifestado, expulsarlos sería “ dejar desguarnecidas las fronteras y a los moros la puerta abierta para sus depredaciones y algaradas”, (44) por lo que los templarios no fueron tratados con la dureza con la que lo fueran en los demás reinos.
Para acudir al llamamiento de Medina fueron convocados concilios provinciales, y se abrieron investigaciones, pero se supeditaron las conclusiones a las que se determinasen en el concilio general de “Venne” que finalizó en 1312, momento en el que el papa publicó la bula Voz in excelso suprimiendo oficialmente la Orden, y en el que tanto el rey de Francia como el propio Clemente V remitieron misivas a Fernando IV en las que se exhortaba a detener a los templarios de su reino. “... llegaron al rey cartas del papa Clemente en que le enviaba decir que tomase todos los castillos e villas e logares de la Orden del Temple, e que lo guardase para facer dellos lo que él ordenase, e fizoló así.” (45) El proceso se realizó en dos fases, primeramente en Francia, y después, y cronológicamente en paralelo, en la propia Francia y el resto de países europeos.
Fue entonces cuando el rey castellano pidíó al maestre provincial Rodrigo Yánez le entregase la veintena de fortalezas que poseían en su reino, pero sin tomar ninguna otra medida contra ellos, por lo que la orden no fue complida de inmediato. (46)
Es completamente errónea la idea de que la Orden del Temple careciese de importancia en el territorio castellano, pues sus maestres aparecen como confirmantes y consejeros del rey en muchos documentos junto a otros importante personajes, cual sucedió en el Tratado de paz entre Fernando II y Alfonso VIII del 21 de marzo de 1181. Este importante papel también puede ser valorado por los documentos transcritos por L. M. Villalar (documentos 11 y 12) existentes en el Archivo Municipal de Segovia, así como por los privilegios a ellos concedidos: explotación de salinas de la Lampreana en Zamora, y el derecho a la Luctuosa (47) “...é mandamos, que den la Luytosa en esta manera: el que hoviere ub cavallo le dé, el que hoviere dos de el mejor, e el que no hoviere cavallo, que dé seiscientos maravedíes de moneda nueva ... e mandamos a todos los concejos, e jueces etc... . que cada que acaesciere muerte de algún vasallo, den la luctuosa al Maestre, a los que lo hovieren de recabdar, por el o por la dicha Orden, bien e complidamente, assi como lo daban fasta aquí al Maestre del Temple”.

Llegados al año de 1310, y el 15 de abril, la Orden Templaria fue suspendida en Castilla según la resolución tomada en Concilio de Salamanca convocado conjuntamente para Castilla y Portugal, y para el que fueron comisionados los obispos de Toledo y Santiago de Compostela, así como el inquisidor dominico Aymerio y el maestre de la Orden Rodrigo Ibañez. (48) Según J. G. Atienza, sería la Oden de Calatrava quien se hiciese cargo de sus bienes hasta que un Breve de Inocencio VIII nombra administradores perpétuos a los Reyes Católicos. (49) Al año siguiente 1311 el rey Fernando ordena a los concejos serranos de Ávila y Segovia que no impidan a las vacas y yeguas de los calatravos pastar en sus dehesas. (50) Aún hoy día existe en Villanueva, y en peana de cruz situada frente a la puerta ciega del poniente de la iglesia, el emblema de la cruz de la Orden de Calatrava, perfectamente conservada.
Hemos de aclarar, que la existencia de castillo, no implicaba que, necesariamente, hubiera se existir un convento; para la constitución de la
encomienda bastaba con disponer de una iglesia donde realizar los oficios y casas en las que habitar, disponiendo, en torno suyo, de un territorio que a veces era bastante reducido, si bien, esto no es el caso de Villanueva. La bailía o encomienda dependía a su vez de la provincia o “lengua”, que era gobernada por el maestre provincial.
Sin aceptar la presencia templaria en Villanueva, tendríamos serias dudas para explicar como la población allí creada, se configuró como villa en sí misma, y mucho menos aún, que no pasase a integrarse en la comunidad de villa y tierra creada en torno a Bonilla de la Sierra (cabeza del señorío episcopal del que formó parte) y de la que, a pesar de hallarse sin discontinuidad territorial, como ya se dijo, quedó al margen. La creación del enclave templario en Villanueva explica, claramente, el proceso histórico de su aparición y de su inmediato devenir posterior.
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(*) Este ensayo ha sido revisado, corregido y aumentado por el autor con nuevas aportaciones el 15-2-2012.
(1) Diccionario de la Historia Eclesiástica de España, Madrid, 1973, vol. III, pág. 1825. Voz Órdenes Militares (por Carlos Espasa).
(2) Ayala Martínez, Carlos de. :Sacerdocio y Reino en la España Altomedieval – Iglesia y poder político en el Occidente peninsular, siglos VII-XII. Pág. 399. Sílex. Madrid 2008.
(3) Sans I Travé, J.M. : “Alguns aspectes de l’establiment dels Templers á Catalunya: Barberá” Quaderns d’Historia Tarraconense, I (1977), págs. 9-58, p.II.
(4) En Portugal la reina Teresa concede al Temple el Castillo de Soure, y en Cataluña en 1131 el Conde de Barcelona: Granyena, y al año siguiente, Armengol II el de Barberá.
(5) Yitzhak Bear.: Historia de los Judíos en la España Cristiana. Pág. 73. Ed. Riopiedras. Barcelona 1999.
(6) Diccionario de la Historia Eclesiástica de España, vol. III, pág. 1.826.
(7) Ver Ayala Martínez, Carlos de. : Oput. Cit.
(8) Martín , José Luis. : La Afirmación de los Reinos (siglos XI-XIII) Historia de Castilla y León . Tomo IV. Pág. 28. Valladolid 1985.
(9) A.H.N. : “Ordenes Militares”. Carp. 567, doc, n°. 15.
(10) Zapater, M. R.: Cister militante en la campaña de la Iglesia contra la sarracena furia. Historia General de las Caballerías del Templo de Salomón, Calatrava, Alcántara, Avis, Montesa y Cristo, Pág. 102. Zaragoza, 1662.
(11) Montalvo de, J. J. : La História de Arévalo. Págs. 57 y 65. Institución Gran Duque de Alba. Valladolid 1928.
(12) Barrios García, Á. : Estructuras Agrarias y de poder en Castilla. El ejemplo de Ávila (1085-1320) Tomo I, pág. 164. Institución Gran Duque de Alba. Salamanca 1983.
(13) Crónica de la Población de Ávila. Amparo Hernández Segura. : Valencia 1996. pp.35-39.
(14) Barrios García, A. : Oput, Cit. Pp. 139-140.
(15) Real Academia de la Historia. : Col. Salazar y Castro, M-40, Fol. 3-4.
(16) Barranco Moreno, D. : En busca de las raíces de Villanueva del Campillo, Institución Gran Duque de Alba. Ávila 1993.
(17) P Arias, M. López y Sáncchez.: “La cultura de los Castros” Revista de Arqueología n° 22 (1982) Universidad de Valladolid. “En el año 1835 el gobernador de Salamanca Sr. Cambronero, dictó disposición exhortando a su destrucción, por lo que el zoomorfo del puente de Salamanca
(célebre por el episodio del Lazarillo) fue tirado al río, siendo rescatado en el año 1900, y otros muchos mutilados o redicidos a cascote.
(18) Nolla Alberoa, Antoini. :Los Templarios en el Bierzo. Pág. 90. Barcelona 1991.
(19) Cuenta la leyenda que, habiéndose tocado las campanas a rebato por causa de inminente peligro, un apuesto caballero y su peón no acudieron a la convocatoria alegando que, por hallarse salegando los rebaños y por causa del ruido de la cencerrada del ganado, no se percataron del aviso. Como no resultase creible su disculpa, furon castigados a que se le cortase la cola al caballo del primero, y rasurados barba y cabellos al escudero.
(20) Barrios García, Ángel,: Estructuras Agrarias y de Poder. El ejemplo de Ávila. Tomo I, pág. 140. Institución Gran Duque de Alba. Edt. Universidad de Salamanca 1983.
(21) La presencia del maestre general Stephan Von Salza en Castilla debió de realizarse con anterioridad al mes de mayo del año citado, pues, a partír de ese mes, tenemos documentado como maestre general a Pedro Montaigu. Os Templarios, obra citada.
(22) A. Ferrera. : Asentamiento y extensión de la Orden Teutónica en España. Boletín de la Real Academía de la História, n.° 122. Año 1984.
(23) Barranco Moreno, D. : Una Aproximación Histórica a dos Comunidades de Villa y Tierra Abulenses La Episcopal Bonilla y la Señorial Villatoro. Pág. 27
(24) Luis López, Carmelo. : Formación del Territorio y Sociedad en Ávila. (Siglos XII al XV) Págs 26-29. Institución Gran Duque de Alba. Ávila 2010. Y el mismo autor y del Ser Quijano en Documentación Medieval del Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Ávila. Documento n° 1. Págs. 22- 23.
(25) F, E. Saez. : “Fuero de Coria” . (Copia. Página 160)
(26) Florino Antonio, C. : Oput. Cit. Pág.170. “La encomienda de Alconetar incluía las jurisdiciones actuales de: Garrovillas, Talván, Hinojal, Cañaveral y Santiago del Campo, dominando la Calzada hasta muy cerca de Plasencia. .... donde se había acumulado una gran cantidad de ganado norteño”.
(27) Antonio C. Floriano. : Historia de Cáceres. Pág. 170-199, y 261-262 en que se transcribe el citado documento. Excmo Ayuntamiento de Cáceres y Universidad de Oviedo. 1959.
(28) Ver. Historia de Cáceres. : Oput. Cit. Pág. 193.
(29) Barranco Moreno, D. : El Origen de la oveja merina en la Península Ibérica.: Diario de Ávila de 26 de junio de 2010. (Procedentes del Zad (tribu zeneta - merínidas) se estableciereon en el Atlas con el nombre de benemérines, taídas por los almohades a tierras de “Hisn Qác,res” (Cáceres) fueron botín de las incursiones templarias, desarrollando profusamente en sus rebaños por su adaptabilidad y su lana).
(30) Os Templários e os sinetes das sehorias de Loir – et - Cher. Assotiation Chantiers el Architecture Médiévale.:Pág. 83.
(31) Os Templarios. : Oput. Cit. Pág. 53.
(32) Os Templários, : Michel Picar. Publicac,oes Európa-América. M. A. Editions, Paris, 1985.
(33) Barranco Moreno, D. : Oput. Cit. Pág. 183.
(34) González, J. : El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII, I, págs. 716- 720. ( 1196-1197) “Vlasco Muñoz, el sobervioso, tobo El Carpio (Carpio Medianero) e Nuño Matheos Monterreal e Alpalio e Berrueco Pardo con otros cavalleros de Ávila, vencieron al concejo de Salamanca... E Nuño Matheo con otros cavalleros de Ávila, vencio al concejo de Salamanca e Alva” . (1190-1215) “ Sancho Fernández, con gentes del reino de León, penetró en la zona del Almar, y Fernán fernández saqueó las aldeas de Rasueros Horcajo (Horcajo las Torres) y Cantaracillo. Vid. “Crónicas de la población de Ávila, págs. 35 y 36). Y J. L. Martín Martín “Documentos de la catedral de Salamanca” docs. 136-144 y 122 y 123.
(35) Barrios García, A. : Estructuras agrarias y de poder. Tomo II, pág. 162.
(36) Moreno Núñez, J. I. : Ávila y su tierra en la Baja Edad Media, (siglos XIII al XV) pág. 97. Jumta de Castilla y León. Consejería de Cultura y Turismo. Ávila 1992.
(37) Benavides, A. : Memorias de don Fernando IV de Castilla, II, págs. 813-814.
(38) Luis López, C.: y del Ser Quijano, G. ; Documentación Medieval de la Casa de Velada. Instituto Valencia de Don Juan. Vol, II, doc. 11, pág. 69. Institución Gran Duque de Alba. Ávila 2002.
(39) Barranco Moreno, D. : Una Aproximación Histórica a dos Comunidades de Villa y Tierra Abulenses (La Episcopal Bonilla y la Señorial Villatoro) Primera parte. Edt. MARCAM. Ávila 1997.
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